Prioridades


L a preocupación por la salud de los bebés de Pablo Iglesias e Irene Montero eclipsó otros estados de buena esperanza. En breve, será papá Alberto Garzón, y en Compostela Aberta van a tener que montar una guardería, si cunde el ejemplo de Jorge Duarte y de Martiño Noriega, que ya tiene experiencia en esas lides. Viene esta felicidad a cuento de que, inevitablemente, a sus padres les ha cambiado la vida y eso va a dar un vuelco -lo habrá dado ya- a su escala de prioridades. Trasnocharán, pero obligados; sustituirán las copas por los biberones, se escandalizarán con los precios de los pañales y en nada se verán inmersos en ese mundo indescriptible que son las asociaciones de padres de alumnos. Inevitablemente también, trasladarán sus intereses a la actividad política, porque en su escala de valores, no habrá servicio que puedan ofrecer a la ciudadanía más grande que el bienestar de sus hijos. Y eso está bien. Pero también debe haber ediles maduros que crean que lo justo es mirar por los mayores y jóvenes políticos que, como Iglesias, Montero y Garzón hasta hace nada, denuncien los precios de los alquileres que impiden a los jóvenes emanciparse. Por eso es bueno que en las corporaciones, como en las redacciones de los periódicos, haya un poco de todo. Eso sí, sin mirarse el ombligo y atendiendo al interés general. Si uno se propone defender solo lo que le preocupa al ciudadano de a pie, está claro que ni la depuradora de Silvouta ni las cenizas de un dictador figurarán entre las pesadillas de la mayoría de los compostelanos, por fortuna. Y sin embargo, ahí están. Y ahí siguen. Y seguirán. Y se supone que eso es lo que debe ser.

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