Ruido, ruido


Demasido estruendo para tan poco ruido. El que se está levantando en torno a la música en la hostelería nocturna. La asociación Compostela Monumental debería poner pruebas sobre la mesa para sustentar el muy grueso calibre de las acusaciones que hizo públicas ayer al salir en defensa de la asociación de vecinos Compostela Vella tras ser acusada esta por Hostelería Compostela de «maximalismo» (en la práctica, persecución de locales con cascada de denuncias). Es evidente el tándem de las asociaciones Compostela Monumental y Compostela Vella en la confrontación con el gobierno local, amplificada estos días en los asuntos de los pubs y de la revisión del plan especial del casco histórico. Por otro lado, los colectivos del sector (Hostelería Compostela y Hostelería Nocturna) actúan velando por los intereses de sus asociados y con la oportunidad que les brinda la necesidad, admitida por la propia Xunta de Galicia, de actualizar el catálogo de licencias de los establecimientos. Ni que decir tiene que no vale una normativa que dé seguridad jurídica a la música ao vivo si causa un retroceso, por mínimo que sea, en el derecho de los vecinos al descanso. Música y otras manifestaciones culturales, sí, dentro del estricto cumplimiento de una legislación que garantice la convivencia. Ahí está el límite que ninguna administración puede traspasar. Santiago vivió etapas peores que la actual, de excesivos decibelios. Hoy, este no parece un problema generalizado en el casco histórico, y no debe serlo. Los casos puntuales hay que denunciarlos y acallarlos. A las asociaciones, a todas, se les pide una actitud constructiva y desmarcada de enlaces políticos -unas y otras- que solo aportan más ruido.

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