En la distancia


La «distancia consciente» no es una opción en la ineludible relación entre el caso de Paula Quinteiro y el Concello de Santiago. El alcalde pretende pasar de largo, como si no fuese con él, pero este que a su pesar no es un asunto «menor» -como demuestran las brechas abiertas en En Marea- requiere un pronunciamiento alto y claro del líder de Compostela Aberta, que llegó al mando en el Pazo de Raxoi arrogándose ética y estética en el ejercicio de la representación pública para reconstruir la confianza de los vecinos en una Administración devastada por tres años desastrosos de gestión entre corrupta e incompetente de Conde Roa y Currás en la alcaldía. Más todavía que por el vínculo partidario, Martiño Noriega no es un convidado de piedra en este asunto porque atañe directamente al Concello que él dirige y siendo el máximo responsable de la Policía Local, a la que en verdad no ha cuestionado. Pero una respuesta tibia ante actos de vandalismo en las calles que implican a personas que ostentan cualquier tipo de responsabilidad política -con o sin representación pública, ambos casos confluyen- no es otra cosa que tolerancia con los comportamientos que machaconamente dijo combatir para llegar a la alcaldía y hasta ahora. Nadie ha podido cuestionar con fundamento la actuación de los policías locales a los que Paula Quinteiro quiso dar el alto ostentando su condición de diputada. Es más, sorprende que no haya circulado ningún vídeo de este episodio. ¿Será que los revoltosos quedarían en evidencia? Cada día en la distancia -hoy se cumplen 22- mina la credibilidad de Noriega.

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