Bichos

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

SANTIAGO

ACoro se lo encontraron en las inmediaciones de la comisaría. Todavía conservaba una correa vieja. Lloraba mucho. Hoy ya no llora, pero sigue buscando un hogar. Teko apareció en Pontepedriña. Estaba acatarrado y muerto de hambre. Sigue en una lista de 30 gatos que buscan el calor de un sofá. Jueves no se llama Jueves. Su ficha se perdió. Solo una persona recordaba que apareció atada en la puerta del Refuxio un Jueves Santo. De eso hace ya dos años. Y busca quien la saque del refugio y cada día la lleve a pasear. A Kira la alegría le duró poco. Poquísimo. Apenas 48 horas después de ser adoptada, la devolvieron. A la vida del canil. A la larga espera. A los días iguales, amontonados, uno detrás de otro. A tener miedo. A estresarse. A que la ansiedad se la comiese viva las 24 horas del día. A no ser feliz. Nixon, sin embargo, no ha conocido otra cosa. Llegó al Refuxio en el 2009. Era apenas un cachorro. No ha vuelto a salir de él.

Micho estaba moribundo en la calle. Se iba apagando poco a poco ante la indiferencia general. Hasta que en Segunda Oportunidade lo recogieron. Ahora, mientras recupera poco a poco el aliento, la vida, busca quien lo adopte y le haga olvidar una vida perra en la calle. Pumpkin, sin embargo, ya no está. No lo consiguió. A Elliot, Fento y Silva alguien los tiró a un contenedor. Pero fueron rescatados por Abeiro, criados a biberón y hoy, sí, duermen calentitos y juegan bajo un techo. El mismo que esperan Bruma, Tula, Batman, Fusco y Uma. Micos do Barrio se encarga de aquellos gatos de la zona de Fontiñas que no tienen una casa a la que ir a descansar. A lo mejor había que empezar a cuestionarse quiénes son los bichos de verdad.