Confrontación


La escalada de confrontación en la vida política municipal dinamita el espacio en el que se dirimen los problemas de los vecinos, las prioridades de los partidos frente a ellos y la búsqueda de puntos de encuentro para aportar soluciones. ¿Una utopía? En absoluto. Tradicionalmente las iniciativas, vinieran de donde vinieran, han salido adelante en los plenos de Raxoi con un alto nivel de consenso, hasta el punto de hacer de esta práctica una marca propia, muy en positivo, frente a otras plazas. Ha pasado incluso en la primera mitad de este mandato, caracterizado, por lo demás, por una elocuente cesión de la iniciativa a los grupos de la oposición por parte de un gobierno lastrado por sus debilidades y remolón a la hora de llevarla a la práctica. El estallido de esta semana, protagonizado en su primera línea por el cuerpo a cuerpo entre Compostela Aberta y el PP, por Noriega y Hernández, se ha producido en un ambiente muy enrarecido por la tensión creciente desde que el 30 de mayo los okupas pasaron a okupar el espacio central de la vida política municipal, bochornosamente. Bastaba una chispa para provocar el incendio y esta se produjo en el pleno del jueves por una cuestión reglamentaria, que dio motivo al PP para irse dando un portazo. Los reiterados tics del alcalde Noriega dando amparo a quienes ejercen la «resistencia pasiva» -¿frente a qué agresión?- han dado a Hernández una oportunidad inmejorable para erigirse en adalid de la defensa de la legalidad, y entre ambos se ha abierto un abismo que hoy parece insalvable. A dos años de las próximas elecciones locales, la confrontación supera a la de una campaña electoral que, por otra parte, parece haber comenzado. Insoportable.

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