La Semana Santa está saliendo de escena. Pero volverá, como la ofrenda catedralicia de julio, el próximo año y los próximos años. Ambas celebraciones han puesto en el punto de mira a Compostela Aberta por el componente religioso que las impregna. La festividad de julio fue resquebrajando la polémica que la envolvía, y en la Semana Santa el gobierno local dio los primeros pasos para lograrlo.
¿Se acuerdan de un famoso pleno celebrado en diciembre del 2015 en el que populares y socialistas forjaron una alianza para imponer la declaración de la Semana Santa como fiesta de interés turístico? Compostela Aberta y BNG se pronunciaron en contra. Ese acuerdo se convirtió por aquel entonces en una de las señas de identidad del enfrentamiento PSOE-Compostela Aberta. Fue uno de los dos o tres lances paradigmáticos de la célebre «pinza» de socialistas y populares denunciada por el equipo gobernante.
Por cierto, ese mismo pleno derramó tinta a raudales con el caso de la indigencia del Toural, que la muerte de dos de sus protagonistas convirtió ya en historia. En triste historia, con rescoldos en las páginas de la valedora.
Pues bien, la mentada declaración festiva, en cumplimiento del acuerdo plenario, ha llegado o está a punto de llegar a las dependencias de la Xunta para que el Ejecutivo gallego le ponga cuño. Lo avalan cuatrocientos años de historia y más de 5.000 cofrades. La próxima Semana Santa compostelana, si nada se tuerce, será Festa de Interese Turístico de Galicia.
La «pinza», intensa en los primeros meses del mandato, comenzó a flojear con el transcurso del tiempo y solo en esporádicas ocasiones ahogó al equipo gobernante. Pero, además, una de las dos piezas de la tenaza se descalabró con la ausencia de un edil socialista, mientras el BNG encarecía sus siglas y Noriega lustraba su estrenado voto de calidad.
Municipalizar
Uno de los proyectos que, junto a los presupuestos, llevaban camino de amargarle el cáliz a Martiño Noriega es la municipalización de la ORA. Justo en Semana Santa culminó el proceso previo. La comisión que refrendó el procedimiento fue un campo de batalla en el que se visualizaron perfectamente los movimientos de los contendientes. PSOE-PP en un lado, Compostela Aberta en el otro y el BNG en el medio.
El voto de calidad del regidor, como un ensayo para el pleno, zanjó la cuestión. El único lunar para el gobierno local (y espera que sea un lunar y no un melanoma) es que el BNG debe mudar su abstención en un sí para que funcione el voto de calidad plenario. Y eso ocurrirá si el Bloque no se vuelve atrás en su posicionamiento favorable.
Los detractores de la causa de Noriega arguyen que aún queda mucha tela por cortar para blindar la municipalización, y más de uno tiene la impresión de que seguir cortando la tela puede ser una labor inacabable. No hay sastre que lo resista. Si después de veintiséis informes a lo largo de quince meses todavía es necesario engancharle algunos más, quizás valga la pena aguardar a que el secretario y la interventora aporten los suyos como última frontera legal a cruzar. Los documentos redactados, salvo uno de Persoal, avalan la gestión directa. Si el gobierno local está persuadido de que todo el pescado está vendido, y nutrirá mejor a la ciudadanía, tiene el derecho a llevarlo al pleno. Hay un prudente juez detrás metiendo prisa y, por retrasarse un proceso que Compostela Aberta cree suficientemente atado, las arcas locales pueden sufrir graves consecuencias. Y por municipalizar, dicen PSOE y PP, también. Toca elegir.
Debe, eso sí, asegurar Compostela Aberta que el cambio de dirección en la grúa y la ORA, a salvo de conductores suicidas, beneficia a la ciudadanía. Noriega dijo que la subida de tasas se sitúa en el horizonte más pesimista. Lo refleja un informe, pero crea recelos. No obstante, si la municipalización da pie a toda una serie de bonificaciones y beneficios para los usuarios, sería otro cantar. Pero está ahí con su bidente el ángel negro Montoro, que por una parte seca económicamente a los concellos gallegos y por otra los ahoga con su normativa. Él solo es una pinza.