Cuando te veo desde aquí estoy contigo

DENÍS E. F.

SANTIAGO

cedidas

El virgen monte do Viso salvaguarda las colinas compostelanas y conversa con el Pedroso cara a cara, desde siempre

10 abr 2017 . Actualizado a las 12:46 h.

La tentativa de subir a la montaña se repite hasta lograrlo. La persona no ceja en su intento, busca el sendero más acertado y alcanza la cumbre bajo cero con sudor en la frente. A veces somos así, erre que erre, casi deslumbrados por la vida, casi ciegos de tanta clarividencia.

En otros casos la cima no es metafórica; nos rodea y aporta bienestar, sin traumas. Cuesta subir por una loma o salvar un risco y quiero suponer que ese esfuerzo aporta sonrisas al alma, porque aparte de endorfinas, generamos cariños con quien nos acompaña. Muchos piensan que la soledad en el punto más alto de la montaña no merece la pena si no la compartes, pero el asceta tenía razón al hablarle al viento y cuando escuchaba el río. Ambas personas, las que comparten su existencia con otros y también las que no lo hacen, si viven tranquilas consigo mismas, logran sonreír incluso a oscuras.

El virgen monte do Viso salvaguarda las colinas compostelanas y conversa con el Pedroso cara a cara, desde siempre. Amurallado parcialmente por la autopista, es un referente de la ciudad al que incluso se le dedicó una canción ya mítica. El barrio que lleva su nombre está situado a sus pies, al este de la ciudad; donde las gélidas mañanas se alargan al mismo tiempo que la sombra del monte se retrae sobre las casas. Por allí pasa el río Sar, por prados y casiñas invulnerables entre la vía del tren, el periférico, la AP-9 y la Cidade da Cultura. Un «recuncho» de la urbe que no tiene nada que envidiar a otros barrios, porque su tranquilidad maravilla.

A las 9 de la mañana comenzamos la caminata junto a mi amigo Victor Reynolds. Galés de nacimiento, tras vivir en Londres y posteriormente recorrer el mundo vino a Santiago en 1975, donde trabajó durante décadas como profesor de inglés en la Universidad. «O Viso me encanta. Su acceso es tan fácil y, a la vez, está tan lejos del mundanal ruido. Disfrutas con una panorámica de 360º de las mejores vistas de la ciudad y sus alrededores a 400 metros de altitud».

Al girar sobre nosotros mismos veremos, ocultas a los ojos de la ciudad, Sanxuás, San Marcos, Bando, O Eixo, Os Tilos y más allá. Vuelve a mí la idea de que «la ciudad empieza a las afueras»; enclaves inseparables y reales sin los que no podríamos acercarnos a la idea global de Compostela. Porque el sentimiento que caracteriza a los barrios, parroquias y vecinos debe ser asignatura obligatoria para aquel que trate de entenderse a sí mismo y a su entorno. «La ciudad está mejorando mucho y cada vez más gente disfruta de sus parques y caminos».

Si nos detenemos y echamos una mirada atrás en la vereda podremos sentir nuestros pasos recientes y nuestra silueta como aquella presencia que dejamos y nos sigue. Somos kilómetros, y un palpitar constante que nos calienta de arriba a bajo. Sigamos.