La sala de pantallas de la Policía Local de Santiago regula el tráfico en la ciudad abriendo y cerrando semáforos, dirigiendo a las patrullas y sancionando en segundos
12 mar 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Pocas policías locales de España cuentan con una sala de pantallas con tantas prestaciones como la de Santiago. Fue pionera en su día, porque cuando se inauguró en 1991 solo Madrid, Barcelona y Sevilla contaban con unas instalaciones semejantes. Con setenta cámaras distribuidas por toda la ciudad y una dotación operativa las 24 horas del día y los 365 días del año, es un auténtico gran hermano desde el que es posible observar y controlar en tiempo real el tráfico en las calles.
En el turno de día, un inspector al mando y tres agentes dirigen esta auténtica sala de máquinas de la ciudad. Uno atiende las comunicaciones externas y con los agentes, otro está encargado de gestionar las multas que en tiempo real remite el servicio municipal de grúa, que deben ser siempre visadas por un policía, mientras que el tercero abre y cierra semáforos en función de la densidad de circulación que muestran las calles.
Frente a ellos tienen 22 pantallas y once monitores de ordenador que recogen las imágenes de 29 cámaras de tráfico instaladas por el Concello, once de la DGT, diez de videovigilancia, cinco del sistema de bolardos y las cuatro que dan servicio a la página web municipal.
De las 22 pantallas, dieciséis son más pequeñas y están colocadas a ambos extremos del panel. Las cuatro de arriba tienen su vista permanentemente fijada en el túnel del Hórreo, el único de Santiago que, por sus dimensiones, exige una supervisión constante. No solo del paso de vehículos, sino también de otros factores como la concentración de gases contaminantes en su interior. Por las doce restantes van saltando sistemáticamente distintos puntos relevantes de la ciudad. Las seis centrales, que son de mayor tamaño, muestran todo el tiempo calles especialmente conflictivas como el Hórreo, Doutor Teixeiro, Campo da Estrela, la rotonda de Pontepedriña o el corredor de Virxe da Cerca, que concentra tantos colegios que cada día pasan por él más de 5.000 escolares. «Que non sexa un caos e que funcione relativamente ben é boa mostra da boa xestión do tráfico que temos logrado en Santiago», señala Aníbal Mourelos, uno de los agentes más experimentados y el que mejor maneja el dispositivo que varía la frecuencia de los semáforos en función de la densidad de la circulación.
Las cámaras giran 180 grados y pueden acercar o alejar la imagen, lo que multiplica su efectividad. Si un infractor apareciera en las pantallas ante los ojos del equipo sería suficiente para poder sancionarle, pero rara vez se hace. «A sala está pensada para dirixir o tráfico e garantir a súa fluidez e seguridade, polo que cando vemos infraccións preferimos enviar unha patrulla e que sexa ela a que multe», asegura el inspector Ruanova. Eso explica por qué las patrullas de la Policía Local aparecen como por arte de magia y casi al instante cuando un conductor comete la torpeza de, por ejemplo, aparcar en doble fila en Doutor Teixeiro y bloquear la circulación cuando llega un autobús urbano y no puede pasar.
Pero sí se sanciona desde la sala de pantallas. Parte de los ordenadores y sus monitores albergan el sistema mediante el cual el servicio municipal de grúa envía en tiempo real fotos de vehículos mal estacionados. El agente José Manuel Malvido los recibe, comprueba que la multa es correcta, la visa y la tramita. Un sistema de colores sirve para conocer en qué fase se encuentra el expediente. Si se pone en verde, la suerte está echada. Y la multa en camino.