Las imágenes de visitantes improvisando comedores y terrazas en los rincones de la Praza de Abastos pueden trasladarte a otras ciudades cuando somos nosotros los que nos vamos de viaje. Son incontables las veces que una recomendación ineludible de las guías turísticas es acudir al mercado de turno. «No debes perderte...» y después el nombre de esa plaza donde la venta de productos de la huerta comparte espacio con muestras de artesanía o de ropa. Además, también es frecuente que el paso por estos lugares forme parte de un recorrido guiado en el que también esté la catedral o un museo. Por lo tanto, es fácilmente comprensible que los que visitan Santiago también incluyan en su paseo por el casco antiguo su visita a la Praza de Abastos, ese espacio que parece predestinado a sentirte como uno más en una ciudad. Un lugar para conocer a sus gentes y sus hábitos, además de probar sus productos tradicionales. Por eso, estos flujos deberían ser también aprovechados dando facilidades para, en lugar de que los turistas tengan que improvisar una mesa, disfruten de la experiencia que la convierta también en inolvidable y forme parte de los recuerdos imborrables del viaje merecedores de una foto en el álbum. En este sentido, hay ciudades en los que estos mercados se han convertido también en escaparates para dar a conocer su gastronomía. Por ejemplo, en Liubliana, una vez a la semana, restaurantes de la ciudad ofrecen sus platos en una gran plaza. Tapas a precios económicos que permiten hacer un viaje por su gastronomía. No me gustaría tomar el pulpo sentada en una escalera o sujetando el plato, seguro que a los turistas tampoco.