Altavoces y videoconferencias

Xurxo Melchor
Xurxo Melchor ENTRE LÍNEAS

SANTIAGO

Al que se le cuente la cruda y dura realidad de los juzgados españoles no la creería. Cómo explicar que falta de todo y de nada sobra. Hay menos juzgados de los necesarios, menos jueces, menos fiscales, menos secretarios, menos funcionarios. Hasta falta espacio físico para poder archivar los procedimientos. El día a día de los magistrados está lleno de videoconferencias imposibles de conectar, de horas y horas perdidas en algo que debería ser sencillísimo en una era en la que un niño de doce años puede hablar con sus amigos viéndose las caras con un simple teléfono móvil. El juicio del caso Carril, suspendido en su día porque en la sala no había unos simples altavoces en los que reproducir unas conversaciones telefónicas grabadas por la policía, es el ejemplo más impactante de esta ducha fría que es la realidad del pilar que sostiene al estado democrático. Porque sin justicia no hay nada. Ni libertad, ni igualdad, ni garantías. En cualquier ayuntamiento por pequeño que sea hay un técnico informático. En los juzgados de Santiago también. El problema es que es como un mosquetero. Uno para todos y todos para uno. Vamos, que atiende a tantos frentes, dentro y fuera de la ciudad, que no da abasto. Cada vez que veo un juicio suspendido porque hubo un fallo técnico en la videoconferencia o porque no había unos míseros altavoces en la sala pienso en el extraño país en el que vivimos. Tanta gente parada y tantos brazos que faltan en todas partes. En España no sobran funcionarios, faltan. Esa es otra mentira de los que nos dijeron que vivíamos por encima de nuestras posibilidades.