En la Travesía Cruceiro do Galo hay un semáforo que tarda siglos en cambiar, así que al paciente conductor le sobra tiempo para retroceder unas décadas y recordar lo que era entonces la zona de O Pombal, cuando los tristes bajos del barrio estaban llenos de tascas en las que trabajaban prostitutas en unas penosas condiciones que no parecían importar a quienes solucionaban el problema mirando hacia la hermosa Alameda. Afortunadamente, las cosas han cambiado. Hoy en día solo sigue abierto un bar de alterne, y la mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución cuentan con el apoyo de los servicios sociales y de entidades como la congregación de madres Oblatas, que las asisten desde la dignidad que merecen.
Y si a las mujeres que hacían la calle se les ignoraba mirando para otro lado, a quienes vivían directamente en la calle ya ni se les miraba. Bastaba con soltarles una monedita al paso y sacar la hucha el día de la cuestación de Cruz Roja para dormir con la conciencia tranquila, soñando quizás con Panamá.
El semáforo no cambia y la cabeza se va a O Toural, donde mendiga quizás un hijo de algún viejo cliente de O Pombal o puede que un nieto de una caritativa vecina, que la fortuna es caprichosa. Y como evidentemente los tiempos han cambiado, las políticas a la hora de abordar el problema también son radicalmente distintas. Por eso está bien que se respeten los derechos de los sintecho, pero nunca olvidando los que asisten al resto de la población. Dejarles orinar en la calle atenta contra la dignidad de todos. También contra la suya.