Edificios vacíos que no nos podemos permitir

Xurxo Melchor CRÓNICA

SANTIAGO

La vida es una gran paradoja. De lo que sobra también falta y al revés. Tiramos comida y morimos de hambre, desperdiciamos el agua y padecemos sed. Hubo un tiempo en el que nos lanzamos a construir grandes edificios y hoy no somos capaces de tapar unos míseros baches. Santiago es mundialmente conocida y admirada por un edificio, la Catedral, que está lleno de contenido. Religioso, histórico, artístico y espiritual. Lo tiene todo. Pero también podríamos editar una ignominiosa guía de edificios vacíos que nos han costado un ojo de la cara y que hoy se pudren en el abandono. Los hay vacíos de contenido y almas, como la Cidade da Cultura, auténtico hito del desmadre que nos ha costado 300 millones de eurazos. Tanto dinero y aún se le caen las losetas de las paredes. Está también la modalidad edificio vacío por mudanza a uno mejor. Ejemplo de relumbre es la antigua terminal del aeropuerto de Lavacolla. Estaba bien y tenía muchos años de uso digno por delante, pero la fogosidad de los políticos precrisis a la hora de rascarse los bolsillos en los que guardaban nuestro dinero quiso levantar una terminal más grande, mejor y muy cara. La vieja que aún no lo era, otra paradoja, es hoy un decorado de la peor película del despropósito. Pero la peor de las modalidades de esos edificios vacíos que no nos podemos permitir es la del que nunca llegó a ser. Del que se quedó en muro, en pilar, en esqueleto. En uno rematadamente caro, porque el paladín de este mal gobierno es el que iba a ser el nuevo parque de bomberos de Santiago, en la explanada de Salgueiriños. Más de dos millones de euros después ni es ni se le espera, porque los bomberos, que son los que saben de sus cosas, ya advierten que el emplazamiento no sirve. Que los camiones tendrían que cambiar prisa por pausa a la hora de apagar fuegos de tanta maniobra que tendrían que hacer para salir del recinto. Los que decían que la política era gestión no debían referirse a esto.

A esta guía podría sumársele en unos años la actual estación de autobuses, que quedará libre y vacía cuando se construya la intermodal y este servicio se traslade al espacio de la estación de tren. Los bomberos, que tienen su viejo y pequeño parque justo enfrente, sueñan con poder ocupar un inmueble que es de la Xunta. El Concello cree que la operación sería idónea, pero el Gobierno gallego dice que hay que esperar porque tienen muchos edificios alquilados que quieren dejar de pagar y que podrían ocupar para ello la estación de bus. Quizás podrían cambiarle al Ayuntamiento este cromo por otro y ya está, pero no vaya a ser que por tener tanta pausa y esperar al final la estación de bus se quede vacía como el antiguo aeropuerto, vacía de sentido común.