Ovejas por el Monte do Gozo


El Monte do Gozo va a tener otra cara. Bueno, la misma pero sin la barba descuidada que se ha apoderado de todo el recinto, poblado de matojos, zarzales, hierbajos de un metro y vegetación diversa. Es la faz asilvestrada que cubre el emblemático paraje jacobeo. La Xunta ha decidido rasurar esta flora indecente, asear el célebre recinto bendecido tanto por el papa como por sus satánicas majestades y armarlo de unas dotaciones que electricen de nuevo el apagado Monte.

La Xunta tiene un plan. Y lo ha expuesto en otro recinto con vocación multitudinaria, es decir, con más piedras en su arquitectura que en ningún otro sitio: la Cidade da Cultura. En el escenario jacobeo ha desaparecido el Gozo y en el Gaiás la Cultura, pero las denominaciones están para algo, el significante va unido al significado y la Xunta tiene un plan (dejemos que lo medite en el Gaiás) para el Monte do Gozo. Y lo va a plasmar de inmediato en varias fases que pretenden hacer de la elevada planicie un recinto de acogida de peregrinos y de disfrute de la parroquia compostelana de forma armónica y sin melés.

Pero tanta superficie verde no puede quedar impune, y la Xunta proyecta poblar de ovejas la zona de acampada, con establo incluido. El ovejero, antes de dejar los bichos sueltos, debe cuidar de que no invadan los pavimentos empedrados porque se arriesga a abonar 750 euros por las cagarrutas, aunque no sean tan grandes como las del vaquero de A Sionlla. Las cabras le comieron un día las plantas de las medianeras de Romero Donallo al exedil Severiano Carballal, para su disgusto, pero en el Monte do Gozo podrán pastar a su libre albedrío.

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