Una orquesta con vacíos

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa EL PERISCOPIO

SANTIAGO

El 5-1 encajado por el Compos ante el Coruxo es tan engañoso como preocupante. Antes del descalabro del último cuarto de hora, por ocasiones el resultado debería ser otro. Porque Orbegozo tuvo tres y en ninguna estuvo fino. Y Joaquín, que anotó el gol al filo del descanso, disfrutó de otra nada más volver del vestuario, en la que le faltó muy poco para haber logrado el que sería el empate momentáneo. Faltó puntería y fortuna, sobró crueldad al final.

Queda la carta del mercado de invierno, si el club está en disposición de hacer ese esfuerzo económico. Y, si así fuere, tendrá que concentrarse en acertar el tiro o los tiros.

El actual Compostela es un equipo aseado. Uno por uno, la mayoría de sus futbolistas encontrarían acomodo en muchos otros rivales de la categoría. Pero, colectivamente, no funcionan. Es como ir completando una orquesta con buenos percusionistas, pianistas, clarinetistas, saxofonistas, y olvidarse de un director que coja la batuta en el centro del campo y de los violinistas que le pongan música de cuerda al juego por las bandas.

Son ya dieciséis jornadas, y en ninguna el equipo ha encontrado una partitura con la que se sienta cómodo. Trabaja sin balón e intenta cosas cuando lo recupera, pero ni termina de morder en la presión ni acaba de pisar el área rival con peligro. Al menos, ante el Coruxo, y a pesar de la goleada, intentó alternar el juego combinativo con el pase largo. Y creó más oportunidades que en la mayoría de los quince encuentros anteriores. Hay margen para la recuperación. Pero necesita dar con la tecla, más pronto que tarde.