Lluvia de botellas para un día de sol

Mario Beramendi Álvarez
mario beramendi SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Bares y comercios bajaron la persiana ante los graves incidentes con el sector del cerco

12 mar 2014 . Actualizado a las 13:56 h.

Los vecinos de las calles adyacentes al Parlamento gallego tardarán en olvidar la ola de protestas que invade esa zona de Santiago durante los últimos tiempos. Los preferentistas y los emigrantes retornados forman parten del paisaje habitual, haciendo sonar sus bocinas. Pero la protesta del cerco superó ayer todos los límites imaginables. Durante más de dos horas, en el bar Bolívar, en el tramo final de República Arxentina, casi en la confluencia con el Hórreo, decenas de marineros del cerco hacían tiempo tomando sus cervezas. Habían intentado llegar hasta la Cámara gallega, pero un imponente cordón policial se lo había impedido.

Los mismos cascotes que el bar Bolívar había dispensado a los manifestantes del cerco fueron los que empezaron a volar pasadas las tres de la tarde contra los antidisturbios. Y tras recibir la orden de carga se desató una verdadera batalla campal, con las sillas del Bolívar por los aires. Y piedras, cascotes y adoquines arrancados de la pared. Los incidentes alcanzaron tanta violencia que los bares y comercios de la zona, atemorizados, optaron por bajar la persiana ante el riesgo de sufrir graves desperfectos.

Hasta ese momento, el mayor contratiempo para la ciudad había sido que el tráfico permaneció cortado durante más de cuatro horas en una parte de la calle del Hórreo. Pero pasadas las tres y media de la tarde todo se complicó. Contenedores quemados y hasta algún coche con desperfectos pudieron verse en República Arxentina a la altura del viejo colegio Peleteiro. Algunos manifestantes, que escapaban de la policía, se refugiaban en portales y en bares.

Pasadas las cinco de la tarde, los tripulantes del cerco se concentraron en las inmediaciones de la plaza Roxa a la espera de noticias de sus compañeros detenidos -cuatro según su versión y tres según la Delegación del Gobierno- y coparon todas las mesas y terrazas de la zona ante la atónita mirada de muchos vecinos que disfrutaban de una soleada tarde tras muchos meses de viento y de lluvia. Es una de las paradojas de Santiago, donde a pesar del ansiado anticiclón, también apareció ayer la lluvia, aunque fuera en forma de sillas, cascos, piedras, ramas y tapas de alcantarilla.

A media tarde, con los manifestantes del cerco ya más tranquilos en la plaza Roxa, los comercios y los bares de las calles más próximas a los incidentes fueron abriendo la persiana sin haberse repuesto todavía del susto. No están acostumbrados a tanto sobresalto ni a incidentes de esta envergadura.

crónica caos en las calles del centro de santiago