Entre la anécdota y la historia medieval

Margarita Mosteiro Miguel
marga mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Un grupo de 55 rusos hace una escapada a Santiago desde Lisboa

09 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Son las nueve de la mañana del jueves 6 de junio. Un grupo de 55 ciudadanos rusos se dan cita en la puerta del hotel Compostela, al que llegaron la noche anterior pasadas las ocho de la tarde -ya noche para ellos- desde Portugal. La parada en Santiago, una excepción en la mayoría de estos grupos, tiene como objetivo madrugar para visitar el casco histórico, comprar y seguir ruta hacia O Grove, donde subirán al catamarán y, lo que están deseando, «comer mejillones y tomar un buen vino gallego». Durante su recorrido por la ciudad les acompañará Tatiana, su guía durante todo el viaje, y Pedro Rey, el guía de Santiago.

La entrada al casco histórico se hace por Porta Faxeira, donde reciben la primera explicación. Tatiana, que habla portugués con Pedro y ruso con el grupo, destaca la belleza e importancia de la Alameda en la vida de Compostela y elude a la guardería como único edificio que aún queda de las construcciones de la exposición regional de 1909. Pero el escaso tiempo del que disponen impide que puedan pasear por el «pulmón de Santiago». Segunda aclaración del día al mencionar la rúa do Franco. Tatiana advierte: «No tiene nada que ver con el dictador», lo que es recibido con muecas de satisfacción. Los turistas rusos, nos explica Pedro Rey, «no son muy expresivos y raras veces ríen a carcajadas». En la subida, por Bautizados, parada obligatoria delante del París, donde se recuerda el popular París-Dakar, tan concurrido por los estudiantes de Santiago. Primera alusión a la vida estudiantil de Compostela. Ahora sí hay sonrisas.

O Toural despierta la atención de los turistas, sorprendidos por las galerías de las fachadas y por el Pazo de Bendaña, que permite otro guiño a la historia de Galicia. Pedro Rey comenta que, con otros grupos y con más tiempo, este pazo es utilizado para hacer referencias a las batallas de los Irmandiños. Pero nuestro grupo no tiene tiempo para detalles. El paseo por la Rúa do Vilar se hace bajo los soportales, que nuevamente suscitan el interés de nuestros visitantes al conocer la función de las pequeñas claraboyas situadas en el techo de madera. Su función no era otra que ver al que llamaba a la puerta para tirarle la llave, si era de fiar.

De camino a Fonseca, en la rúa do Franco, la pequeña vitrina de una tienda de recuerdos llama la atención del grupo. Lo que les interesa es el «gagat» -así suena azabache en ruso- y las joyas de oro y plata. «Les interesa la calidad», dice el guía, y los turistas dedicarán el tiempo libre a adquirir regalos.

El Obradoiro

Ya en Fonseca, el claustro es fotografiado desde todos los ángulos posibles. La llegada a la oficina del peregrino produce la mayor reacción del día, incluso por encima del Obradoiro. Un peregrino de 18 años les muestra su credencial con los sellos que acreditan un recorrido de 3.000 kilómetros y sus certificados de Muxía, Fisterra y la Compostela.

Tras esta sorpresa, los turistas se encaminan al Obradoiro. El grupo no entrará con guía en la Catedral. Pedro Rey apunta que la mayoría de los grupos no acceden porque hay que pagar seis euros por turista. A modo de ejemplo, comenta que de 60 entran diez. Tatiana explica que la noche anterior, en el autobús, mostró vídeos del interior de la basílica. Otros guías, en el Obradoiro, explican el interior del templo mostrando imágenes en un IPad o en láminas.

La visita ha llegado a su fin y los turistas rusos cogen rumbo al Franco para comprar joyas, quesos y vinos. Los menos se cuelan, en pequeños grupos, en el interior de la Catedral.

en directo paseo relámpago

«Apuran la visita a Santiago para hacer compras y comer mejillones en el catamarán»