Almirez, la última empresa en explotar la cafetería del Centro Galego de Arte Contemporánea, alzó el vuelo hacia lo alto del Gaiás. En un duelo con otras cuatro firmas licitantes se hizo con la explotación de la cantina de la Cidade da Cultura. Y, sin quererlo, se convirtió en un ejemplo más de la mala racha hostelera en los centros culturales de la ciudad.
Almirez entró ilusionado en el complejo cultural con un proyecto que evidenciaba «calidade e creatividade», según la valoración de la Xunta de Galicia. Allí se afanó en la explotación de la cantina-tienda que se le puso a su disposición a cambio de un canon de 1.534 euros al mes y un 10 % de la facturación.
A los pocos meses de asumir el negocio, en julio del pasado año, le transmitió a la Consellería de Cultura (que como en el CGAC tiene la última palabra en la concesión de los servicios hosteleros) su deseo de abandonar el Gaiás cuando le quedaba gran parte del trecho de concesión por recorrer.
Almirez objetó que quería dedicarse de lleno a los negocios que venía desempeñando desde siempre, el cátering y las comidas para llevar. La Consellería se vio obligada a darle las riendas a otra entidad hostelera, que hoy gestiona los citados servicios: Airas Nunes.
La crisis también está creando problemas para cubrir las plazas hosteleras de centros como el Museo das Peregrinacións o el Auditorio de Galicia. Esta última mantiene la vieja concesión a los dueños del Dado Dadá.