«Investigación, grave pérdida»

xosé m. cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

El exrector dice que, en partículas, la USC destaca en todo el mundo

12 mar 2012 . Actualizado a las 06:58 h.

Reputado científico a nivel internacional y delegado español en el CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), Carlos Pajares fue el último rector de la Universidade de Santiago antes de la segregación y el primero cuando ya funcionaban las tres gallegas. Nacido en Madrid y nieto de gallegos, vino a hacerse cargo de una plaza de la recién nacida Facultade de Física y se enamoró a las primeras de cambio de la ciudad. Y no solo de la ciudad. Aquí le sonó la marcha nupcial. «La verdad es que me quedé porque vi que había muchos desafíos y posibilidades en Santiago», dice.

Vino a ejercer en una de las carreras más complicadas y agradecidas: «Si uno se menea, se mueve, en Física va a encontrar trabajo, incluso ahora». Es consciente de la dureza de la disciplina y, al ver a los jóvenes sumidos en el empeño, siente «simpatía» por ellos. La facultad vio la luz el 25 de julio de 1981. Por esa época, Carlos vio un Santiago aún lugareño: «Desde entonces, cambió radicalmente, pasó de pueblo a ciudad y posee una vida cultural muy intensa». Pronto toma las riendas de la facultad: «Veía cosas que no me gustaban en el sitio en el que iba a quedarme».

Quería abrir las puertas de la institución, insertarla en la comunidad científica internacional y traer docentes e investigadores que respiraran al menos tres años los aires del extranjero. «La investigación estaba en un nivel muy bajo», cuenta el también exdecano. La facultad alzó el vuelo, pero tropieza con una palpable cojera. Mientras en otras universidades tienen varios centros asociados, «nosotros no tenemos ninguno».

Y de Física a Fonseca. Pajares accede al Rectorado en un escenario muy precario, que empieza a clarificarse con la autonomía universitaria, las transferencias de Madrid a la Xunta y la informatización de la Universidade. Decenas de edificios emergen en los campus de la USC. Y la investigación despliega sus alas: «En la investigación hay un antes y un después. Lo reconocen hasta mis críticos». La Universidade se abre a la sociedad y al exterior, y la lengua gallega cobra normalidad.

El rector Pajares, el primero oficialmente democrático, protagoniza, bajo impulso propio, un momento histórico de Galicia: la creación de dos universidades más: «Íbamos a tener 100.000 o 75.000 alumnos en siete campus y eso era difícil de gestionar. Si se quería potenciar la investigación y la docencia había que hacer unas universidades más manejables, de entre 25.000 y 30.000 estudiantes».

Al nivel de Upsala

Eso sí, fue preciso convencer a mucha gente. En el claustro nadie votó en contra y el criterio del Parlamento gallego fue unánime: «Nos costó mucho tener esa unanimidad. Hubo momentos tensos. Pero en Canarias ocurrieron follones más grandes que aquí». Con la medida disgregadora, hubo quien se salió de madre. «Se cometieron errores, como duplicar especialidades que no tienen oferta».

La etapa de Carlos al frente de la USC fue «fructífera» y perviven programas que germinaron en esa época. Pero hay uno que se esfumó, con no poco pesar para el exrector: el programa de creación de una treintena de plazas de investigadores: «Se metieron en el fondo común y se perdieron. Es una pérdida lamentable». El hecho es que no hay déficit en la plantilla docente, pero sí en la investigadora «y ahí está el futuro».

Uno de los grandes logros del departamento de partículas del catedrático de Física es la participación de Santiago, con Pajares al frente, en el CERN. «En partículas, Santiago es conocido en todo el mundo. Estamos al mismo nivel de grandes universidades en este campo como la de Upsala», resalta.

Perderse en el casco viejo es un placer para un compostelano como Pajares, y en ese ámbito se ha topado, entre otros, con rincones primorosos como la esquina del claustro de Fonseca que le permite observar las cuatro torres catedralicias o el cruce de San Fiz de Solovio.

Pero Carlos enfatiza el propio avance de la ciudad, sobre todo en la época de Xerardo Estévez, que ha dado pie a una gran transformación. «Hemos pasado del pueblo a la ciudad, pero nos queda asentarnos en una ciudad, en el burgo. Nos falta ser burgueses, en el buen sentido».

El exrector es un amante de la cultura que irradia la ciudad, con un gran cúmulo de actividades que los foráneos aprecian y que los ciudadanos de aquí no perciben. Él se sumerge a menudo en la dinámica cultural y no admite el tópico de que ciencia y cultura estén reñidos: «Soy asiduo a los conciertos de música clásica y allí veo a filólogos, pero también a muchos científicos, mientras que no veo a gente de otras facultades». Además, existen aspectos del territorio científico que entran de lleno en el campo de la cultura y hay gente que «por miopía» no lo ve.

Pajares disfruta de Santiago, de los rincones del entorno y de Galicia «con sus penas y alegrías». Se siente vitalista: «Soy de los que digo sí a la vida». Eso sí, ya no le apetece tanto viajar. No es para menos. Algún año ha subido 94 veces al avión.

¿Habrá un premio Nobel para un físico de Santiago? «Tenemos jóvenes muy buenos y prometedores, y no solo en partículas. Aquí hay calidad para ello, aunque en Madrid o Barcelona existe un mayor número de físicos. En todo caso, creo que en veinte años caerá en España un Nobel».