SILENCIOS QUE ESCONDEN MALTRATOS

La Voz

SANTIAGO

21 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

La faz de la tierra es una novela que escarba tan profundamente en la tragedia de sus personajes que parece arrancada de una realidad puntual. Juana Salabert, nacida en París, traductora, crítica y voz comprometida, cuenta una historia de maltrato, la muerte de un hijo y la huida de Ela, la joven protagonista, hacia cualquier lugar que la aleje del horror de cada día. No lo logra. Un accidente la deja en coma y su vida y las agresiones sufridas por su marido, Álvaro, ante el silencio de su propia familia, desfilan por su cabeza mientras se debate entre la vida y la muerte. Un argumento que parece extraído de una página de sucesos. Solo el estilo narrativo, el espacio y la libertad en la forma de articular ese drama irreparable contado a partir de la deconstrucción de los hechos marca esa frontera, a veces una débil línea, que separa la pura ficción de la historia novelada.

La angustia es como la argamasa en la obra y está patente en cada párrafo, cada idea, posiblemente porque Salabert sintió la imperiosa necesidad, tras la muerte de su padre, de vaciar la suya a través de la creación. Esta pérdida, como confiesa la autora, impregna la obra y pone un paisaje de fatalismo a las emociones y vivencias de los protagonistas, incluso en sus mejores momentos, que son muy pocos, porque aparecen rodeadas de indiferencia e infamias, tan ocultas como en la vida real.

Con estos ingredientes, Salabert consigue fabricar una trastienda donde las emociones se mantienen ocultas hasta que ella quiere ponerlas en primer plano, una dimensión solo reservada a los buenos narradores. La faz de la tierra es una intrigante novela coral que reflexiona sobre las relaciones de pareja, también la que se produce entre padres e hijos y los límites que les protegen y amenazan teniendo en cuenta que casi siempre hay conflictos no resueltos, culpas que no se airean. Es la zona oscura de la condición humana y Salabert la exhibe con la pericia de quien, además, sabe de perdones imposibles que, contados con maestría, no solo pueden conmocionar al lector, también colabora en la identificación de esos silencios que esconden dramas. Y eso también cuenta.