Los jóvenes ven «exageradas» las multas del botellón

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Paula Prado dice que el fin es evitar la ingesta máxima y rápida de alcohol

17 ene 2012 . Actualizado a las 14:24 h.

Los primeros chavales sancionados por beber alcohol en la calle han comenzado a pasar por la UMAD para conocer los detalles de la pena sustitutoria, que evitará el pago de los 600 o 750 euros impuestos por el Concello de Santiago. En la jornada de ayer fueron recibidos por la educadora de la Unidad Municipal de Atención a la Drogodependencia, que recoge datos de cada joven, con el fin de adaptar el trabajo social a las características personales de cada uno y para determinar también el tipo de curso de formación que se adapta a las necesidades de cada caso. «No es lo mismo un chaval que bebe con frecuencia y desde hace tiempo, que uno que acaba de iniciarse», explicó Paula Prado, concejala de Benestar Social.

Uno de los primeros en acudir a la cita de ayer fue Aron, un joven ahora de 18 años, que tenía 17 cuando fue sancionado. «Era el primer botellón», comentó antes de pasar por el despacho de la Educadora. Antes de la visita reconocía, algo avergonzado, que «impone un poco venir aquí». Al salir de la cita, ya algo relajado, comentó que «todavía no saben qué voy a hacer». Arón fue multado en el primer botellón del curso, como la mayoría de los que serán recibidos a lo largo de la semana por los técnicos de la UMAD. Mostró su malestar por el atestado, ya que asegura que no coincide «lo que pasó con lo que ponen en el papel». En su caso, según relató, «yo iba con otro compañero, también menor, con las botellas en la bolsa, y no nos dijeron que nos fueran a multar, solo cogieron los datos. A otro chaval, mayor de edad, como no podían ponerle que estaba bebiendo, pusieron que tiró cosas al suelo, pero no es verdad».

Mejor el trabajo que la multa

Arón considera que «es mejor el trabajo que la multa, pero es exagerada». Lucía, nombre ficticio de una de las chicas de 17 años, igualmente sancionada, acudió con sus abuelos a la UMAD. Su abuelo aseguró que el atestado no es real ya que «pusieron que tenían los ojos vidriosos y que estaban borrachas y acaba de dejarlas el padre de una de ellas, así que sé que no es cierto». Iban al Campus, «pero aún no habíamos llegado al botellón».