La razón de la sinrazón en un procedimiento atropellado

SANTIAGO

Desde el primer momento, la decisión de clausurar San Lázaro por los incidentes ocurridos en Bertamiráns ha tenido mucho de estrambótica. No en vano, salvo el árbitro, parece que nadie advirtió la gravedad de los hechos.

Esta semana se conocía la sanción impuesta por el Comité de Competición al Sporting a la luz del acta redactada por Iturralde González tras el encuentro contra el Real Madrid. Hizo constar que se escucharon pitidos de silbato desde la grada; que de uno de los fondos, durante la celebración de un gol del Real Madrid, se lanzaron una botella de plástico, una lata y un reloj, «sin llegar a golpear a ninguno de los jugadores» (no especifica la afiliación de los infractores); y también recoge la utilización de un puntero láser. El castigo se sustancia en una multa de trescientos euros.

Lo de atribuir los incidentes de Bertamiráns a la afición del Compos me recuerda la anécdota de un desplazamiento a Pasarón. Un grupo de seguidores organizaron un viaje en autobús y uno de ellos, uno con aire alegre y disoluto, decidió llevarse como capuchón una de las protecciones de los reposacabezas. Se la puso a modo de sombrero sin reparar en que era granate.

Al llegar a Pasarón, el grupo tenía las entradas para uno de los fondos. Y, como coincidían con aficionados locales, la Policía optó por controlar el acceso y acotar dos zonas. Al acceder al estadio aquel seguidor blanquiazul, y a la vista de su emblema granate, las fuerzas del orden no pensaron que pudiese responder la apariencia a una transmutación azarosa. Lo pusieron con la hinchada del Pontevedra. ¿Si llega a tirar un bote, a quien se le hubiese imputado la responsabilidad?

Pero lo que ya traspasa la frontera del absurdo es que el Compos vaya a cumplir con la clausura de San Lázaro sin conocer la resolución del Comité Galego de Xustiza Deportiva. Presentó la reclamación ayer a las 11 de la mañana, en tiempo y forma. Sucede que, en una semana más festiva que laboral, no hubo reunión del citado organismo y, por tanto, tampoco cupo la opción de aplazar, cautelarmente, el cierre del estadio. ¿Y si con el tiempo le dan la razón al club?

Hubiera sido muy sencillo dejar una puerta abierta al aplazamiento de la sanción hasta la conclusión del procedimiento. Entre tanto, al Compostela no le queda otra que recordar aquel pasaje del Quijote que decía: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura». En este caso, más que de la fermosura, de las prisas.