Pequeños y sensibles

La Voz

SANTIAGO

Los probos ciudadanos griegos están hasta la misma coronilla de sus dirigentes, que los están dejando con más deuda que Alemania después de la guerra sin que ellos se hubieran comido un rosco. A los probos ciudadanos españoles les está empezando a pasar lo mismo, escarmentados esta vez en cabeza ajena griega pero también en la experiencia propia.

El problema grave, dicen ahora algunos expertos, no es el endeudamiento público, sino el privado. Pero cada uno gobierna su casa como puede y como sabe, mientras que el gobierno del dinero ajeno debería estar sujeto a unas exigencias de rigor, a unas normas y a una ética que aquí no se han visto. El español de a pie hace un cálculo del endeudamiento en que se han comprometido los distintos gobernantes locales, autonómicos y generales y lo compara con los logros obtenidos, y no salen las cuentas. Al fin, lo que los gobiernos compran con más avidez es dinero, y ese es un producto muy caro. Ya pueden desgañitarse con el discurso de que no gastemos por encima de lo que ingresamos; no tienen autoridad moral para ello, ya que no han predicado con el ejemplo. Y el ejemplo cunde.

Este es un país de pequeñas y medianas empresas, lo cual tiene su cara y su cruz. A la empresa pequeña, por ejemplo, le cuesta más exportar, dirigirse a los mercados en donde el consumo está pujante; pero, por el otro lado, un tejido de miniempresas puede responder a los terremotos como las casas de madera de planta baja: con más flexibilidad y menos víctimas en los derrumbes. En el lado negativo aparece también, en estos tiempos, la mayor permeabilidad de los pequeños a las impresiones, a lo que dice la familia, a lo que se palpa en la calle. En la calle brilla el pufo, el expolio, el despilfarro en obras faraónicas. ¿Quién le pedirá al autónomo o al pequeño emprendedor que tribute al cien por ciento y se sacrifique por la patria? ¿C??omo puede el manirroto convencer a nadie de la virtud del ahorro?