El equipo compostelano proyecta ilusión, pero centrifuga una extraña rigidez intramuros. Por M.G. Reigosa.
19 oct 2011 . Actualizado a las 11:43 h.Cuando Fernando Alonso volvió a Renault se especuló con que no había optado por Toyota porque la filosofía nipona llevaba implícita una jerarquía y una lentitud en la toma de decisiones exasperante. Algo similar le sucedió al Obradoiro durante el verano, sobre todo en los primeros días de agosto, en los que el club parecía vivir en la clandestinidad. Ni siquiera había un interlocutor de guardia. Pero el panorama no ha mejorado sustancialmente.
Han pasado las semanas, ha comenzado la temporada y el club da la impresión de ser uno de puertas para fuera y otro de puertas para dentro. Proyecta ilusión, pero centrifuga una extraña rigidez intramuros, como si cada consulta o cada trámite fuesen una cuestión de estado, incluso las más banales.
Luces y sombras
El equipo transmite y compite. Sar conserva su embrujo. La afición ha estado al pie del cañón con las acciones y los abonos. Y los dirigentes parecen tener bajo control la macroeconomía, si bien queda por delante mucha tarea para la captación de patrocinios e ingresos atípicos.
Otra cosa son los pequeños detalles, como chinas en un zapato. En ese capítulo el club a veces genera una confusión difícil de entender, por innecesaria.
El mismo día que cobró fuerza el rumor de que una firma láctea podría sumarse a la lista de patrocinadores, fuentes de la entidad aseguraban no estar al tanto, pero tampoco negaban la mayor al respecto. Y, casi a la par, Jesús Lence reconocía haber pasado una propuesta al Obradoiro.
Una consulta tan sencilla como preguntar el precio de la entradas para el primer partido recibió una respuesta tan sorprendente como que ya estaban prácticamente decididos, pero que los enviarían más tarde.
La ACB obliga a cada equipo de casa a facilitar al adversario, a la conclusión del encuentro, una grabación del partido. Y el conjunto andaluz no la pudo recibir en tiempo y forma.
Son episodios que no van mucho más allá de la anécdota y que hubiesen sido fácilmente evitables. Pero conviene no pasarlos por alto, sobre todo ahora que el viento sopla de cola. El gran desafío es la consolidación del proyecto deportivo y económico. Y como decía el presidente de Walt Disney sobre el éxito de la compañía, «la clave es hacer fácil lo fácil».