El legado inoxidable de R.E.M.

Los de Athens anuncian su adiós tras más de 30 años de carrera. Dejan medio centenar de canciones de ensueño.


«Yo soy el raro», se definió una vez el vocalista Stipe, tímido patológico salvo sobre el escenario. El guitarrista Buck era el extrovertido. Se conocieron en una tienda de discos: Buck era dependiente; Stipe, cliente. Habla el primero: «Yo pensaba: ?Este tipo tiene dos novias preciosas, tiene que ser muy cool?». Las novias eran las hermanas de Stipe. La anécdota la recoge Tony Fletcher en su libro R.E.M. (Cátedra, 1995). Los unía su devoción por el 1969 de Velvet Underground y el Horses (1975) de Patti Smith. El bajista Mike Mills y el baterista Bill Berry, buenos amigos, se sumaron después a la panda. El 5 de abril de 1980 dieron su primer concierto: fue en una antigua iglesia reconvertida en residencia universitaria. Cuentan que entonces se hacían llamar Twisted Kites. Sonó, como una declaración de principios, una versión del There She Goes Again de la Velvet Underground, tema que luego incluirán en su supremo disco de versiones y caras B, Dead Letter Office (1987).

El sueño empezó en Athens (Georgia), ciudad universitaria que en 1977 había puesto en órbita a los B-52?s, la banda de Kate Pierson (que después cantaría con R.E.M. el celebérrimo Shiny Happy People). Ahí nace la movida de Athens, y en ese caldo se cría Rapid Eye Movement. En 1982 se estrenaron en vinilo con el EP Chronic Town. Las radios universitarias de su país los adoptaron desde entonces. También la crítica echó un cable desde el génesis: su primer elepé, Murmur (1983), fue elegido disco del año por la Rolling Stone por encima de Thriller. Pero en realidad no abandonarían el underground comercial hasta 1987, con Document, su primer disco que superó el millón de copias, cifra que también rebasó Green (1988), que marcó el inició de su relación con la multinacional Warner y que incluía Stand, el primer tema de R.E.M. que tarareó el norteamericano medio.

En esa época, ser fan de R.E.M. en España y querer gritarlo con ropa era muy complicado: en todo Madrid solo se podían encontrar camisetas en una tienda del metro de plaza de Castilla. A las crípticas y susurrantes letras, que R.E.M. se resistía a reproducir en los discos (costumbre que mantuvo hasta Up), solo accedían aquellos que tenían un ingles Proficiency unido a un un oído prodigioso o los que habían contactado con una ¡finlandesa! que vendía por 2.000 pesetas un libreto de fotocopias en el que las recopilaba. Recuerdo la reacción irónica de un fan temprano al que mostré ese tesoro allá por 1990: «Ah, ¿pero It?s The End Of The World... tiene letra inteligible?».

Todo cambió con su siguiente trabajo, Out Of Time (1991), el segundo publicado por Warner. Más de 10 millones de copias, su primer disco número uno en EE. UU., premios MTV, Grammys... El éxito global. Stipe reconoció haber recibido «cartas de países que no podía encontrar en el mapa». R.E.M. ya pertenecía a muchísimos. Viene a cuento una reflexión de Buck sobre el éxito masivo: «A mucha gente le gustan los grupos cuando son pequeños. Eso está muy bien. Yo soy uno de ellos».

Desde Out Of Time, sus seguidores se dividieron en cuatro: los fans que ya estaban y se quedaron, los que ya estaban y los abandonaron (es el peaje a pagar por ser indie o Peter Buck), los que llegaron entonces y se asombraron al descubrir todo lo anterior, y los que se subieron a la ola con Losing My Religion y no miraron atrás. Estos últimos fueron masa en el concierto en Lisboa de la gira del Around The Sun (2004): resultaba desolador comprobar cómo los asistentes más jóvenes aprovechaban el momento en que sonaba un clásico como The One I Love para ir a pedir las birras. Tras Out of Time llegaron álbumes sobresalientes como Automatic For The People (92) y notables como Monster (94) o New Adventures In Hi-Fi (96). El bajón se sintió en Up, (98) con el cuarteto convertido en trío tras el abandono de Berry; la gira de este disco los trajo por primera y única vez a Galicia, el 20 de junio de 1999, cuando ofrecieron un sublime concierto en Vigo para, ay, apenas 6.000 espectadores. Pero hablar de bajón cuando uno menta a R.E.M. no es del todo justo: Up (98) incluye At My Most Beautiful y Daysleeper; Reveal (2001), Imitation Of Life; y el denostado Around The Sun, Leaving New York. Cualquiera de esas canciones justificaría una carrera.

Este marzo, R.E.M. publicó su último trabajo, Colapse Into Now. Cumpliendo una tradición iniciada con su primer disco (que no EP), este cronista fue a comprarlo el día de su salida. Aún tiene el plástico puesto. Hasta el más fan había perdido el hambre de R.E.M. Ellos también entendieron (quizá un poco tarde) que su propuesta había encallado. El pasado miércoles anunciaron su adiós: «Un hombre sabio dijo: ?La gran habilidad para ir a una fiesta es saber cuándo es el momento de irse?», escribió Stipe en la web del trío. La fiesta terminó: R.E.M., D.E.P. No siempre mantuvieron la inspiración, pero sí la honestidad y la credibilidad. Sostiene otro grande, Neil Young, que el óxido nunca descansa. R.E.M. lega medio centenar de canciones inoxidables. ¿Quién da más?

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