«Solo tuve media hora para recoger»Las casas okupas se mantienen en la sombra en Compostela

Raúl duque SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Hay una veintena, pero solo existe un «centro social autogestionado»

18 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Eli es un cocinero latinoamericano que lleva casi veinte años recorriendo Europa. Hace ya dos que vive en Santiago y carece de ingresos. Ante tal panorama, decidió entrar en una casa abandonada del barrio de Figueiras para poder dormir a cubierto. Tras un mes, en el cual vivió y adecentó el inmueble, la policía apareció y lo echó de allí. Los agentes tomaron sus datos y no le permitieron coger sus pertenencias. Dos días después apareció la Policía Local con el dueño y, según Eli, solo tuvo media hora para recoger. Ahora la casa está tapiada, junto con otras dos de la zona que son de la misma persona. Eli se queja de que «con 52 años, nadie te da trabajo» y espera con resignación el día del juicio.

Alrededor de veinte inmuebles, entre pisos y casas, están siendo ocupados en Compostela, según fuentes del movimiento okupa en la ciudad. La mayor parte de ellos llevan años abandonados, en estado semirruinoso y sus dueños están en paradero desconocido. La mayoría se concentran en el barrio de San Pedro y en el casco antiguo. Lo más habitual a la hora de ocupar es primero averiguar quién es el propietario del inmueble. La situación ideal se produce cuando el piso es de propiedad pública o sus dueños viven en la emigración, lo que dificulta que estos se enteren de la situación y pidan el desalojo. Estas casas sirven ahora de hogar a personas que carecen de recursos para tener «una vivienda digna».

A Casa do Vento

Situada en el barrio de Figueiras, A Casa do Vento lleva desde diciembre del 2010 funcionando como okupa y «centro social autogestionado», pero la historia se remonta al desalojo de la Casa Encantada. Un grupo de cinco personas de esta mítica casa okupa, que estaban en una situación económica precaria, decidieron buscar un nuevo lugar donde poder vivir. Así, acabaron en junio del 2009 en la que se conoce ahora como Casa do Vento. Estaba en mal estado, y tuvieron que «arranxar o tellado, limpar, facer portas...», cuenta «Sátira», veterano okupa de Compostela. Las duras condiciones del invierno y el control para que no pinchasen la luz hicieron que la situación se complicase. Con todas estas circunstancias, la estancia allí se hacía insostenible y hasta el verano del año siguiente no llegó el proyecto «do vento». En ese momento comenzó la vida del centro social.

Los ocupantes de A Casa do Vento realizan, entre otras, actividades como talleres de formación, cenas veganas y conciertos. La idea es reivindicar el uso de espacios abandonados para regenerar y dinamizar el barrio y también evidenciar «el daño que supone la especulación para la sociedad».