En el 2011, España ha entrado en lo que se conoce como déficit ecológico, al consumir más recursos naturales de los que es capaz de generar
27 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.En el 2011, España ha comenzado a consumir más recursos naturales de los que genera y a producir más residuos de los que puede procesar, a partir de mediados de abril; es decir, que ya hemos entrado en déficit ecológico.
Esa es la conclusión de un grupo de expertos que todos los años crean un calendario sobre el impacto ecológico. Calculan el consumo anual de recursos y la regeneración ambiental en cada país, y convierten el resultado en una fecha que indica el momento a partir del cual se encuentra en déficit ecológico. Con este tipo de estudios se busca que las implicaciones ecológicas de las actividades humanas estén más presentes en el debate social y sean más fácilmente comprensibles; también persiguen comparar el grado de compromiso ambiental en los diferentes países y regiones.
LA HUELLA ECOLÓGICA
La preocupación social que se manifiesta hacia la conservación del medio ambiente a partir de la segunda mitad del siglo XX motivó el desarrollo y búsqueda de nuevos conceptos que pudieran servir como indicadores del desarrollo mundial. William Rees y Mathis Wackernagel fueron los dos científicos que, hace poco menos de veinte años, contribuyeron a popularizar el concepto de huella ecológica.
La Comisión Europea la reconoció como la mejor referencia disponible para complementar el conocido PIB (producto interior bruto) que indica la riqueza de un país. Y, afortunadamente, el uso se está consolidando a nivel internacional, pues está resultando útil para medir el grado de sostenibilidad ambiental que se asocia al desarrollo económico e industrial. Así se recuerda y traslada a los debates políticos que el crecimiento económico debe tener en cuenta que nuestro planeta no es una fuente inagotable de recursos, y su sobreexplotación pondría en peligro la supervivencia de futuras generaciones.
La huella ecológica es un valor que permite indicar el conjunto de impactos que una comunidad humana (ciudad, país, persona, etcétera) ejerce sobre el entorno. Se expresa con un número que representa la superficie teórica (en hectáreas) que sería necesario emplear tanto para producir los recursos consumidos como para absorber los residuos generados. Es decir, que incluiría la superficie utilizada para obtener los cultivos, bosques, pastos para el ganado, pesca, instalaciones urbanas, gestión de residuos, etcétera, necesaria para mantener una comunidad humana. La actual huella ecológica media mundial es de 2,7 hectáreas por habitante. Pero este valor suaviza las grandes diferencias entre países, pues mientras que la de un estadounidense puede ser de 11,9, la de un habitante de Bangladés se queda en 0,5. También sucede que las ciudades son los lugares que tienen una mayor huella ecológica. Por ejemplo, según indica el Observatorio de la Sostenibilidad en España, nuestra ciudad española con mayor huella ecológica es la de Bilbao, con 100,88 hectáreas por habitante; en el otro extremo estaría Cáceres con un valor de 1,38. La de A Coruña sería bastante elevada, 80,23.
Según los datos que publica el Ministerio de Medio Ambiente, en el 2005 la huella ecológica de España, un país más desarrollado que la media mundial, fue de 6,4 hectáreas. Como sabemos que la superficie disponible por habitante es de tan solo 2,4 hectáreas, podemos calcular, mediante una resta sencilla, que nuestro país tiene un déficit ecológico de 4 hectáreas.
Los datos no son nada buenos, pues nuestra huella ecológica ha aumentado al ritmo de unos 12.000 campos de fútbol diarios. Es decir, que para mantener nuestra forma de vida actual estamos explotando una superficie cuatro veces mayor de la que tenemos. Si todos los habitantes del mundo hicieran lo mismo, el planeta pronto se agotaría.