En medio de uno de los paisajes más agrestes de Portugal, Alfredo Ribeiro ha dado con la tecla para sortear la crisis, e incluso crecer. Ofrece en su restaurante las cabras que él mismo cría al aire libre y que enseña en plena sierra de Montemuro a sus clientes llegados en coches de alta gama desde todo el país. «Aquí no tenemos casi necesidad de gastar, porque casi no hay nada», dice al hablar sobre la crisis en el interior de Portugal. «Apenas se nota en estos pueblos, pero la crisis sería menos dura si los portugueses trabajasen más», dice sin parar de hacer cosas. «Nuestra imagen de marca es el lamento y nos quejamos más de lo que trabajamos», recalca, para añadir que el pueblo siguió al Gobierno gastando más de lo que tenía y podía. «Así de claro», sentencia.