El Obradoiro tiene raza y cabeza

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

Tras una primera parte igualada, acabó arrollando al Lobel Huesca con un baloncesto coral y solidario

16 oct 2010 . Actualizado a las 14:03 h.

El Obradoiro tiene raza y tiene coraje. En el minuto uno y en el cuarenta. Aplicó la misma intensidad en el arranque que en el cierre de la noche. Y le puso mucha cabeza, porque cuando peor pintaba no se desconectó del partido. Y con el viento a favor, acabó por desmelenarse sin perder la perspectiva solidaria, sin dejar de buscar el pase correcto. Por momentos desplegó un baloncesto coral, sencillamente extraordinario. Entusiasmó a su afición, que obligó a los jugadores a volver al ruedo a la conclusión del encuentro.

Igualdad inicial

Pese a todo, el duelo empezó reñido. En el primer cuarto la contienda discurrió por el cauce que mas le gusta al Lobe Huesca, con muchos rápidos y pocos meandros. Fue un entretenido intercambio de golpes, pese a que los dos equipos tenían la guardia alta. Pero jugaban a toque de corneta.

El Obradoiro echaba de menos a dos de los héroes del partido ante el Melilla. A Hopkins se le escapaban tiros aparentemente sencillos y el Tuky no terminaba de afinar el punto de mira.

Enfrente el Lobe Huesca arrancaba siempre en sexta y, cuando tenía que poner el pie en el freno, se le notaba más incómodo. Movía el balón y se movían los jugadores, salvo Quentin Smith, la única referencia interior pura. Los demás podían aparecer por cualquier sitio. Es un equipo que piensa mejor con el motor subido de vueltas que cuando tiene que masticar los ataques.

En el segundo cuarto el Obra doiro consiguió templar un poco el juego. Amparado en su frenesí defensivo, firmó un parcial 8-0 en los tres primeros minutos.

Pero los aragoneses son como el chicle. Al abrigo de su vocación ofensiva, siempre volvían y no se rompían. Al descanso perdían de cinco y no de tres porque Washington, en el último segundo, interceptó un saque desde el fondo y, cayéndose, anotó. El Obradoiro mandaba, pero más a base de arreones que de juego colectivo, y esa no era una buena noticia para sus intereses.

Giro de 180 grados

Tras el paso por los vestuarios, el duelo se reanudó con un triple de Freimanis. Y, a partir de ahí, el conjunto de Moncho Fernández empezó a imponer un mayor control, sin renunciar al contragolpe, pero serenando el ritmo y apretando en defensa. La telaraña oscense se fue desenredando ante un rival lanzado que dio un curso de cómo tomar las decisiones acertadas para encontrar cómodas posiciones de tiro. En las filas aragonesas, Xavi Ventura se quedó demasiado solo en ataque.

El último cuarto arrancó con dos triples de libro anotados por Corbacho. La diferencia se fue hasta los dieciocho puntos y el partido quedó virtualmente resuelto. El alquimista de Pontepedriña incluso pudo administrar los cambios para que los protagonistas fuesen recibiendo el reconocimiento de una afición entregada e ilusionada. Al final, el Multiusos de Sar volvió a ser una gran fiesta.