Llorenç Barber ofrece un inusual concierto con su esposa, quien tocará una pieza para voz y máquina de coser Singer
28 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El músico Llorenç Barber, conocido en todo el mundo por sus conciertos de campanas, y su esposa, Montserrat Palacios, ofrecen esta noche un particular concierto en la sala Nasa, enmarcado en el ciclo Sesións Vibracionais. Llorenç, quien se define a sí mismo como un artista sonoro, comenzará su actuación a las 21.30 horas, por lo que tendrá un duro competidor en el evento futbolístico que comenzará un poco antes. En cualquier caso, independientemente del resultado, las campanas de Llorenç seguirán dialogando con el espacio de la sala ajenas a la celebración o a la tragedia.
El artista desplegará su campanario portátil y mediante baquetas, su voz difónica y todo un arsenal de resortes dialogará en vivo con el espacio de la sala, con sus resonancias, el techo, el suelo, las paredes, el público,... Llorenç dará vueltas por la Nasa, armado con alguna campana al brazo, pegado a la vibración que logrará crear como un acto mágico. «Esa pequeña magia -confiesa el músico- hace que el tiempo y la vibración armen su propio discurso, para que el auditor pueda organizarse su escucha, mi propuesta». El «escuchante» es el que compone a partir de la materia que Llorenç le fabrica.
La segunda parte de la sesión estará protagonizada por Montserrat Palacios, su compañera desde hace quince años. Ella ofrecerá Coser y cantar , una composición para voz y máquina de coser Singer. «Ella -explica Llorenç- trabaja su voz con una máquina de coser, haciendo vibrar los bordones y los hilos».
Montserrat Palacios es una gran cantante mexicana que en España es menos conocida, una cuestión que lamenta Llorenç. «España para la música experimental es muy desastrosilla. Por eso trabajamos fuera de España, si bien yo toco más a gusto en Santiago que en París», comenta el músico, aclarando de paso que el concierto tiene una tercera parte en la que los dos artistas establecen «un diálogo en vivo».
Llorenç apunta que el concierto es para todos públicos, niños incluidos. De hecho, comenta que sus dos hijos, de 6 y 8 años, con los que viajan siempre, «se quedan extasiados». «No es una música aburrida -dice- sino todo lo contrario. Es más de escuchar y se disfruta más que la música de un Mozart». Las campanas de Llorenç y la voz y máquina de coser de Montserrat crean una especie de «magia tangible» que, añade el músico, «es una música más atractiva que un solo de violín o piano». Y esto, según él, «es lo que la diferencia de las músicas contemporáneas, que es buena música pero que son aburridas como ellos solos».
Es por esto, además, que Llorenç lamenta que «el mundo oficial, de los auditorios, ni siquiera contemple una vez al año un ciclo de arte sonoro allí. Les da vergüenza. Pero nunca llaman a un autoinventor. Y en España hay 50 inventores de trastos sonoros».