El presupuesto resultó deficitario, el cinturón se estrecha y el pacto por las cuentas en el que insiste el PP parece descartado
18 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Raxoi ya sabe que no puede contar con el ladrillo, y si lo hace terminará desequilibrando su presupuesto, como ocurrió en el deficitario 2009. No le concede el mejor porte a un Ayuntamiento aplazar los presupuestos hasta finales de la primavera. Las cuentas abren y enmarcan el nuevo año. El gobierno local ha preferido aguardar a la culminación del anterior ejercicio para computar el nuevo, y por suerte la liquidación llegó estos días y no en el otoño. Con los datos del 2009 delante ya se pueden abrir nuevas vías, quizás no de agua, para configurar el escenario económico del 2010.
La construcción ha sido la niña bonita de muchos municipios españoles, mientras duró, y su explosión redujo a añicos sus haciendas locales, hasta el punto de que en determinados concellos se han planteado regulaciones y despidos, algunos de más de medio millar de empleados. Y eso que en estos entes públicos, compadeciendo el sudor frío de los empresarios, no caben quiebras ni embargo de bienes.
El urbanismo dio de comer a muchos municipios hambrientos que tenían que buscarse la vida por no disponer de mejores garantías financieras. Santiago también se aplicó al ladrillo en forma de impuestos de nuevas edificaciones, tasas de licencias, aprovechamientos y ventas de terrenos. Solo estas le han proporcionado muchas alegrías al erario. Hasta el 2009, porque el pasado año el Concello solo arrancó 152.000 míseros euros de los siete millones que pretendía recaudar por desprenderse de su patrimonio parcelario. Licencias sí que hubo a mansalva, pero poco nutricias. Si fuesen viviendas privadas hoy los munícipes estarían bailando sobre un tablao flamenco, pero es tarea poco productiva, casi inútil, introducir los centenares de viviendas públicas aprobadas en el exprimidor fiscal.
Como no hay mal que cien años dure, la construcción (la nueva, porque el IBI no es desleal) volverá a dar días de gloria. Quizás arrime el hombro la flamante Lei do Solo, también conocida como ley de punto final. Igual que el dinero de José Blanco no tiene fronteras (así cruza tanto Pedrafita ondeando pañuelos) el urbanismo galaico está en ello.
Pese a todo, la renqueante economía de Raxoi no luce crespones negros, como en otros lares. La concejala Rosa Fernández aconseja huir de lecturas catastrofistas, aunque le hará por lo menos un par de agujeros más al cinturón económico, siempre cerca de la hebilla. Es preciso contener las ansias, para no adentrarse en demasía en un terreno tóxico, porque si el ojo de Bugallo no engorda el caballo los planes financieros resultan luego dolorosos. Por lo de pronto, hay que jugar con lo que hay. Y algo parece que hay, dice el alcalde. Bugallo anunció que tenía 38 millones para invertir este año, entre los restos (¿un naufragio?) del 2009, el plan E y algunas cosas más. Es decir, no habrá que poner el municipio en barbecho.
El PP sí que lo ve oscuro y no se anda con remilgos a la hora de expresar que el gobierno local es un mal padre, que una herencia envenenada no se le deja a nadie y que 66 millones de deuda (se dice pronto) apisonan la vida del Concello. Lo expresó Cecilia Sierra, pero Conde Roa lo remachó calificando de gravísima la situación y dibujando un panorama tétrico.
Sobre esta área planeó la oferta de un pacto por parte del PP al gobierno local, pero el rímel que Gerardo Conde le dio a sus palabras no le ha hecho ninguna gracia al bipartito. Quiérese decir que el ofrecimiento del pacto puede quedar disuelto en las expresiones del líder popular, que volvió por sus fueros para poner de vuelta y media a sus oponentes. Conde llevaba un tiempo inmerso en un prudente discurso, pero él mismo es consciente de que un pacto, a estas alturas, solo podrá cuajar en el Xacobeo del 2010. Por cierto, su intervención en el Congreso le puede deparar al año santo compostelano siete millones merced a un convenio de la Xunta y la Organización de Loterías. A ver.