La polémica de los últimos arbitrajes es ya agua pasada, por más que resulte muy difícil entender lo sucedido en Barcelona. Será imposible encontrar una respuesta, ya que la única manera de desentrañar el misterio requeriría una aparición de Felipe Madorrán para explicar por qué decidió, por su cuenta y riesgo, desautorizar a su compañero y no dar por bueno un gol que debió subir al marcador.
Evidentemente, no sería de recibo que los colegiados tuviesen que dar cuenta, cada jornada, de sus actuaciones. Pero, en casos excepcionales, no estaría de más que aportasen su versión. Con naturalidad.
También se beneficiarían de ello Martínez Segovia y Ponce Medero, los encargados de dirigir la contienda esta noche. Ojalá pasen inadvertidos. De lo contrario, unos podrán decir que llueve sobre mojado y los otros que estaban condicionados por el contexto, según el color de los errores.