Pese a no ganar en Vigo la Supercopa, estuvo arropado por una afición que despidió al equipo como si hubiese logrado el título y que ya espera la cita de febrero en Sar
12 ene 2010 . Actualizado a las 11:56 h.La competición disputada en la ciudad olívica ya es historia, lo mismo que la dolorosa derrota, a falta de once segundos. Rememorar a través de la televisión el gol de Kike, a falta de once segundos, no ayuda a mitigar la tristeza. Si acaso, la acentúa, porque el balón pasó entre las piernas de Alemao y por el único hueco que quedaba entre el piez izquierdo de Carlos Barrón y el poste. Casi se puede decir lo mismo del tanto de Vinicius en la prórroga, ya que fue a caerle precisamente a él, el mejor chutador del equipo, un rechace del portero. Y de nuevo pasó el balón entre las piernas de un jugador, en este caso Rafael, que trataba de tapar junto al palo.
Intrahistoria
Sea como fuere, el partido tuvo también su intrahistoria. Y ahí merecen un capítulo especial tanto la afición, como el equipo y los representantes del club a pie de obra que se movieron hasta el último instante con objeto de conseguir entradas para la final, tarea nada sencilla porque estaba todo prácticamente repartido de antemano.
Fue terminar la semifinal ante el Inter Movistar y comenzar el goteo de llamadas telefónicas de seguidores interesados en presenciar el duelo decisivo ante ElPozo Murcia. Fueron muchas horas de trabajo sordo, incluso a sabiendas de que resultaba imposible atender todas las peticiones.
La afición apoyó incondicionalmente al Lobelle los dos días. Y a pesar de la decepción de no conseguir un título que ya estaba casi metido en la mochila, despidió a los jugadores con todos los honores. Se lo habían ganado.
El colectivo llegó a Vigo convencido de sus posibilidades de lograr la Supercopa. Bastaba ver el calentamiento, las caras de los jugadores y del propio Tomás de Dios. No sucedía lo mismo con el Inter Movistar. Sus integrantes sonreían en los minutos previos a la semifinal. Y acabaron desquiciados por el 10-6 encajado. Luis Amado reconocía, ya en frío, que no recordaba un partido en el que sufriese semejante asedio.
El ElPozo, como el Lobelle, preparó a fondo el campeonato. Es algo que se palpaba igualmente en la tensión del calentamiento.
Contra cualquier otro equipo probablemente no se le hubiese escapado la final al Lobelle. Pero el colectivo de Duda, si pierde, no es porque no hubiese hecho los deberes previamente. Perseveró hasta el último aliento, y encontró premio.
Cuando atacaba con portero jugador, Duda optó por una variante que resultó definitiva. Primero puso a Mauricio como quinto hombre de campo. El Lobelle le dejaba pasillo para el tiro, pero no para las líneas de pase. Muy al final, el técnico cambió a Mauricio por Vinicius. Ahora el Lobelle tenía que tapar el mínimo espacio para el chut, y el internacional brasileño aprovechó para hacer llegar el balón decisivo a Kike.
Autocrítica
El conjunto de Tomás de Dios demostró que también sabe perder. Felicitó al rival y, todavía en caliente, las primeras manifestaciones de los protagonistas fueron de autocrítica. Nada de reproches ni de buscar excusas.
Rafael hablaba de los pequeños detalles que habían resultado determinantes, de cómo los equipos grandes saben manejar ese tipo de contingencias. Tomás de Dios también precisaba que lo que cuenta es el triunfo, no el subcampeonato.
El equipo se centra ahora en digerir el desencanto y extraer conclusiones para seguir creciendo. La más importante es que, una vez más, ha sido capaz de competir, e incluso tutear, a entidades que le triplican el presupuesto.
En el horizonte más inmediato aparece un partido de carácter festivo, el único de esa índole en toda la temporada: el homenaje a Manu, que se disputará el día 16 en el pabellón de Santa Isabel.