Las placeras advierten de que el precio del pescado podría dispararse si la lluvia y el viento no permiten faenar
30 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Valientes. Ese es el único calificativo que se le puede dar a los que ayer empuñaron su paraguas para dirigirse a la Praza de Abastos a realizar sus compras para la celebración de la entrada del nuevo año. La lluvia arreciaba y el viento no dio tregua en toda la mañana, por lo que a pesar de estar a 48 horas de la gran noche, el mercado tenía poca gente. De hecho, en la nave de la carne muchos de los puestos tenían el cierre echado hacia el mediodía.
Los que sí estaban atareados eran los vendedores de los puestos de pescado. «Vender, vendín bastante», explicaba una de las pescantinas mientras mostraba las almejas. Eso sí, cada vez las cosas están más caras. Si en vísperas de Navidad la babosa se cotizaba a 16 euros el kilo en la Praza de Abastos, ayer ya había que pagarla a 20. Y para hoy y mañana el precio podría incrementarse aún más. «Se chove moito temos que ir buscala á depuradora e sae máis cara», comentaba ayer la vendedora.
Lo mismo ocurre con el pescado y con otros mariscos. Las nécoras se pagaban entre 25 y 35 euros el kilo. Por la cigala se llegaron a pedir 80 euros y por el camarón entre 60 y 140. Lo que había se pagaba caro, pero los clientes tampoco podían disfrutar de una gran variedad. De hecho, dos eran los temas de conversación en las colas. Además del omnipresente temporal, «non dá parado», se escuchaba en las naves, la frase más repetida era la de que «non se ve nada de peixe pequeno». Lógico. Los barcos de bajura no pueden salir a faenar, así que lo único fresco eran las especies de altura. Ayer no se pudieron conseguir percebes, rape, lenguado, besugo o dorada. El rodaballo era de piscifactoría y el buey de mar de fuera de Galicia. La gerente del mercado lo tenía claro. «A ver que tempo vai».
Mientras, en la nave de la carne una de las vendedoras se quejaba de que las ventas no habían sido todo lo buenas que esperaban.