El estanque del campus se maquilla con una retirada mínima de basura

Víctor Cacho

SANTIAGO

Los peces del estanque del campus sur de la Universidade de Santiago se han ido de fiesta. Al goteo constante de basura que se vierte en las horas en las que, entre cantinela y cantinela, se van de botellón, hay que sumar ahora la rápida capa de maquillaje con la que ayer han intentado arreglar su casa. Porque, desde la lejanía, el estanque parecía más guapo de lo que era en realidad. Sin embargo, a la luz de la mañana y en las distancias cortas, no tenía nada que hacer.

Si la semana pasada los peces se hallaban todavía sumergidos en una profunda borrachera -que dura ya varios años- hoy se visten de pez monje y chapotean alegres para explicar que nadie ha roto un plato y que la velada ha sido todo un éxito. Para justificar, en definitiva, que no han hecho nada. Tan solo las botellas y cajas de considerables medidas son las que se han llevado el gato al agua y se han recuperado de la resaca de tantas semanas. Tapones, papeles y frascos , junto a cientos de hojas y ramas caídas, conviven por contra a día de hoy con los peces universitarios compostelanos, que aguardan, impacientes, a que la situación se resuelva pronto. De momento, el futuro se vislumbra turbio como las aguas.

A pesar de la mayor preocupación por la calidad ambiental que las administraciones muestran año a año, ni el Concello ni la Universidade se hacen responsables de este patrimonio monumental que escandaliza a los vecinos y turistas que se acercan hasta el lugar. Paradójicamente, en la universidad hay que recordar que no se deben tirar cosas al suelo. Ni al agua.