Reciclar se restringe a unos pocos

SANTIAGO

A pesar de que Santiago cumple de sobra la ratio de colectores por habitante, los vecinos de algunos barrios y del casco histórico carecen de estos contenedores

25 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cada día, los habitantes de Compostela producen 1,4 kilos de basura, una tasa que supera la media gallega, de poco más de un kilo. Algunos mezclan plástico, papel, vidrio envases ligeros y desechos orgánicos en la misma bolsa y en el mismo contenedor. Otros ya han tomado conciencia de la necesidad del reciclaje y tienen varias bolsas de la basura. Lo que no tienen, a veces, es contenedores especiales para tirar los desperdicios.

En el mes de junio, en el municipio había un total de 5.472 contenedores. De ellos, la gran mayoría, 4.530, estaban destinados a recoger residuos orgánicos. El resto se repartían por colores: amarillo para los envases ligeros, verde para el vidrio y azul para el papel. Un contenedor por cada 17 habitantes, teniendo en cuenta el de materia orgánica, que muchos utilizan todavía como el «contenedor para todo». Dejando aparte estos recipientes de toda la vida, la tasa de contenedores se reduce considerablemente. Así, para quienes separan el papel del vidrio y de los tetrabriks, solo quedan 942 colectores en la ciudad, es decir, uno por cada centenar de compostelanos censados. Se supera ampliamente la ratio establecida por el Gobierno en su Plan Nacional de Gestión de Residuos, que establecía que debía existir un contenedor por cada 500 habitantes. Pero la grandísima mayoría se concentran en el casco urbano, y, dentro de él, en determinadas zonas.

Ensanche cubierto

Así, el Ensanche cuenta con varias islas de contenedores enterrados que permite separar los desperdicios para su posterior reciclaje. Más crudo lo tienen los vecinos de los barrios. En Vista Alegre, por ejemplo, hay zonas donde solo se ve el contenedor para materia orgánica, al igual que en varias rúas de, por ejemplo, Almáciga, por citar un ejemplo. Unos se desplazan hasta Porta do Camiño para hacer uno de los que están bajo tierra. Otros se acercan a la Estación de Autobuses.

Especialmente sangrante es el caso de los vecinos del casco histórico compostelano. Si en su día la polémica por la recogida de basura en un casco monumental declarado Patrimonio de la Humanidad dejaba en evidencia que aún hoy las bolsas de basura se apilan a las puertas de viviendas y establecimientos comerciales, los comprometidos con el medio ambiente lo tienen aún más crudo y se ven obligados a desplazarse a otras zonas de la ciudad para realizar una tarea tan cotidiana: echar la basura. Ya sea a Porta do Camiño, a la zona de San Roque o a Porta Faxeira, los que guardan sus cubos en plena almendra carecen de contenedores. Tan solo en Tras Salomé cuentan con una pequeña isleta donde se apilan contenedores de diferentes colores, así como algún otro destinado al vidrio o al papel perdido entre las rúas de la zona monumental.

En el rural las cosas están aún peor, y además de que los contenedores son pocos, apenas existen oportunidades para reciclar los desperdicios domésticos. Allí, continúa imperando la ley de en la bolsa de la basura cabe todo.