No hay nada mejor que la comida de casa y los productos de la huerta. A quién no le gusta una buena tortilla hecha con huevos y patatas plantadas en la finca familiar o quién no se ha chupado los dedos más de una vez con un pisto de tomates, pimientos y cebollas que plantan las abuelas. A pesar de que trabajar la tierra es un oficio que cada vez está mas relegado a las personas mayores del núcleo rural, todavía son muchas las mujeres que cultivan sus tierras y venden el pequeño excedente de producción en la plaza de Abastos de Compostela. Aunque a decir verdad, la mayoría de ellas son de pequeñas parroquias de ayuntamientos como Padrón. Todos los días y desde hace 25 años, Pilar se desplaza desde Herbón con varios capazos llenos de pimientos de Padrón, judías y habas a pesar de que «cada vez se vende menos». Unos cuantos puestos a la derecha, Esperanza está rodeada de espuertas y cestas de mimbre llenas de tomates, pimientos, cebollas y lechugas: «Todo de casa e sen fertilizantes. O único que levan é abono da cuadra». Y desde Trazo llega María Leis con sus patatas, cebollas, puerros y repollos que ella misma planta. Queserías tradicionales. Antiguamente la leche que se tomaba salía directamente de la vaca al vaso. Con ella, se hacían ingredientes como la nata, la manteca y los quesos. María José Castro continúa con la tradición y vende en la plaza de Abastos tres clases de lácteos: queso fresco, semicurado y curado. Basta con darse una vuelta por el mercado para apreciar estos auténticos manjares gastronómicos. En este caso, María José representa el relevo generacional en su familia y, desde hace unos años ocupa el puesto de la que fue la precursora del negocio. Con la afluencia de turistas durante los meses de verano, estas «mujeres de la aldea» ven aumentar sus beneficios, ya que «hay mucha gente de fuera». Uno de los elementos indispensables en toda mesa a la hora de la comida es el pan. De Malta, de Carral, de Cee, de cereales, de maíz, de centeno, chapata, bolla, barra... con la forma que sea y de lo que sea, el pan es un auténtico manjar. Elisabeth Ferreiro tiene en su puesto una amplia variedad de productos artesanales: empanada, pan de Carral, tartas, cocadas y bizcochos. Y como no: el secreto está en la masa. La receta es bien sencilla: «Primero se hace el fermento con la harina de maíz y se deja levedar de un día para otro. Después, se le da forma a la masa, y permanece en reposo durante tres horas y al horno». Una vez que el ingrediente básico de la comida ya está hecho, hay que complementar el menú con una rica empanada gallega de pulpo, atún o zamburiñas y, por último, rematar la carta con un buen postre. La elección no es nada fácil: tarta de Santiago, cocadas, pudin de queso o bizcocho. Y todo casero, un auténtico placer para el paladar. Vainilla con trozos de chocolate, melón, kiwi, limón, mora, frambuesa, cereza, frutas del bosque, café y plátano... Estos son los sabores de los helados artesanos que Manuel Castro , propietario del Café Iacobus, guarda como oro en paño en su local de la calle Calderería. Son helados hechos por los maestros de este postre: los italianos. «Son totalmente naturales, tienen un 5% de materia grasa», asegura el propietario de la cafetería. «Se venden muy bien, además de los turistas tenemos muchos clientes que vienen exclusivamente a Santiago por los helados», añade. Aparte de las frutas de temporada y los sabores clásicos, destaca el helado de crema veneciana, que tiene la vainilla como ingrediente característico.