Aventajado de la quinta de la cantera

SANTIAGO

Llegó de carambola al Lobelle y se ha encaramado a la titularidad. Sin hacer ruido ha ido ganando terreno y se ha afianzado bajo los palos como un valor que cotiza al alza

27 may 2009 . Actualizado a las 17:29 h.

Carlos Barrón Redondo (Córdoba, 1-10-87) figuraba entre los muchos nombres de jóvenes promesas que maneja el cuadro técnico santiagués. Pero si Dimas no se hubiese pasado de frenada cuando debía incorporarse al Lobelle en calidad de cedido, en cumplimiento de una de las condiciones incluidas en el traspaso de Betão al Inter Movistar, el joven guardameta andaluz probablemente estaría hoy a rebufo de Luis Amado y Jesús en la máquina verde, o quizás cedido en algún equipo de División de Plata, como la campaña anterior. El caso es que se ha convertido en aventajado de la quinta de la cantera, la de los Palmas, Rubi, Vara, Aicardo y Luis.

Hace un año estuvo a punto de ascender a División de Honor con el Boadilla Las Rozas, pero le faltó una victoria en el play off contra el Marfil Santa Coloma. La disputa de esa fase propició que terminara el curso más tarde, por lo que disfrutó de una prórroga vacacional. En esos días de más se frustró la incorporación de Dimas y empezó a tomar cuerpo el traspaso de Carlos Barrón al Lobelle, sin que el chaval estuviese al tanto del cambio de rumbo.

Sorpresa y acuerdo

De hecho, cuando el 3 de agostó contacto con Jesús Clavería (director deportivo del Inter Movistar) para saber qué día debía incorporarse a la pretemporada, antes de viajar a Francia para apurar sus últimas horas de asueto, se sorprendió con la respuesta: «Pensé que me llamabas por otra cosa, porque el Lobelle está interesado en tu fichaje».

Así fue. Acudió con su familia, como tenía previsto, a Disneyland Paris. Y por teléfono, desde el mismo parque de atracciones, cerró el acuerdo. No lo dudó mucho, ante la oportunidad de dar el salto a División de Honor y después de hablar con Betão, que le trasladó buenos informes de la entidad.

La casualidad también ha tenido algo que ver en su inclinación por el fútbol sala, ya que estuvo cerca de dedicarse al fútbol once. Hasta llegar a la edad juvenil simultaneó las dos modalidades. Militó en el Córdoba y llamó la atención de los ojeadores en un torneo en el que también tomaron parte el Atlético de Madrid, el Sevilla y el Málaga. Pero prefirió el 40X20 al 105x70 porque le parecía más fácilmente compatible con los estudios.

También acertó en ese terreno, porque cambió su Córdoba natal por Madrid para cursar INEF y fisioterapia. Ahora, con las exigencias de la División de Honor, se ha quedado solo con la primera de esas dos disciplinas, y la tramita con la misma eficiencia que demuestra para detener balones. Pese a levantar el pie del acelerador, cursa ya asignaturas de cuarto y quinto.

Contento y satisfecho

Barrón desconoce cuánto tiempo estará en el Lobelle, pero confía en que sea una etapa larga: «Me ha dado la oportunidad de debutar en División de Honor y me gustaría ganar algún título aquí. Estoy muy contento y quiero corresponder a esa confianza que han depositado en mí».

Entre tanto, se muestra muy satisfecho con el balance de esta campaña, pese a que tuvo que subir al tren en marcha. Recuerda cuando sus compañeros ya empezaban a hacer pista, en agosto, y él tenía que coger fondo, corriendo aparte, fuera del pabellón. Hasta la quinta jornada no llegó su primera convocatoria. Después vino el debut en la Copa Xunta, frente a O Parrulo, y en la Liga, ante al Cartagena. Paso a paso, hasta asentarse en la titularidad en las últimas jornadas.

Ahora sueña con una zancada, en la semifinal frente a ElPozo. «A ver si le damos una sorpresita. Por lo menos, que haya tercer partido». Para eso será clave el encuentro del sábado en Sar, en una semana en la que echa de menos la feria de su Córdoba natal. No habrá «flamenquito», ni «rumbita» ni sevillanas. Eso sí, la melancolía será menos si el Lobelle llega a la final.