El bipartito municipal relativiza los resultados del 1-M y afirma que la falta de apoyo electoral solo afecta a San Caetano
15 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Los dos grupos de gobierno local no van a variar su política municipal. El problema es «externo», no doméstico, comentan. Ambos han mantenido una reunión interna casi al mismo tiempo, pero ha sido un encuentro «habitual». La única diferencia es que ha coincidido con el escenario posterior a los comicios autonómicos, que ha supuesto un descenso en el apoyo ciudadano a las dos organizaciones, pero con epicentro en San Caetano, no en Raxoi. El pazo municipal sufrió la misma sacudida que todos los municipios bipartitos o progresistas, y sus rectores perciben que las réplicas sísmicas del cambio se van a suceder en los próximos meses.
«Somos conscientes de que nos van pechar de algún xeito a billa», dicen en el seno municipal, y de la idea son copartícipes los socialistas y los nacionalistas. Los colores mandan, sobre todo cuando hay mucho donde repartir y la familia es lo primero, se argumenta en Raxoi. Y sobre todo cuando los perfiles económicos ya se divisan muy recortados, si hay que hacerle caso a los nuevos jerarcas autonómicos.
Las reuniones de los dos grupos han sido «normais», lo que no ha sido obstáculo para, dentro de esa normalidad, echar una ojeada a la trayectoria recorrida y al futuro inmediato. La verdad es que se han advertido «erros de vulto» en la administración saliente, y los dos grupos reclaman un examen de conciencia a quienes están desocupando los despachos de San Caetano. Pero eso ya empieza a verse como agua pasada, que ya no puede mover ningún molino municipal, y la mirada estará fija en los primeros meses de funcionamiento del ejecutivo entrante. Ahí se va a apreciar claramente el rumbo del equipo de Feijoo.
Análisis
El convencimiento del bipartito local de que el PP va a intentar «entrar» en el Concello es palpable, y para los populares está claro que Santiago es una plaza que es preciso asediar de una forma especial y en la que hay que introducir el caballo que permita acabar de una vez con su inexpugnabilidad. Lo que es muy aventurado para los populares es inferir que los apetecibles resultados del 1-M van a hacer caer las fichas progresistas en los próximos comicios municipales. Por ahí ha irradiado mucho optimismo. Pero los análisis de las convocatorias anteriores siempre ha tropezado con la piedra de la especificidad de los comicios locales. Por ello, a socialistas y nacionalistas los votos del 1-M no les han inducido ni mucho menos a arrojarse desesperados al Sar.
En elecciones en que coincidieron citas municipales y europeas se ha visto, en numerosas mesas, algo que para un partido resulta desconcertante o aplanador. Al lado de una urna «europea» atestada de siglas populares había otra «municipal» repleta de sufragios bipartitos. El PP lleva casi tres décadas intentando descifrar un misterio que parece encajar en alguna extraña ley de incompatibilidades.
«Esta vez va a ser la vencida», dice un miembro del Partido Popular compostelano, que piensa mantener una activa política de oposición, pero teniendo en cuenta el nuevo escenario en que se mueven las piezas. Los populares no pretenden quedarse de brazos cruzados y sí aprovechar la oportunidad para hacerse ver, nadando sobre los dimes y diretes relativos al futuro del grupo y de su comandante.
Los dos grupos de gobierno santiagués, dadas las reservas existentes sobre las coaliciones PSOE-BNG para llevar las riendas municipales, se sienten observados desde distintos frentes, y en sus reuniones internas han expresado su objetivo de que no les falle ninguno de los puntales que sostienen el bipartito, ya que las grietas no son solo una posibilidad en Galuresa. Si el Partido Popular las detecta, y logra entrar por ellas, tiene mucho ganado. Pero también puede detectarlas el PSOE gallego.