El turrón también llega a la selva

Tamara Montero redac.santiago@lavoz.es

SANTIAGO

Cada año, el sorteo de las cestas de Navidad congrega frente al escenario principal del centro comercial Área Central a cientos de personas ilusionadas, boleto en mano, por conseguir alguno de los lotes que permiten darse un buen banquete de productos típicos de las fechas de forma gratuita. Ayer no fue una excepción, y los vecinos y clientes de la superficie comercial se reunieron hacia las 19.00 horas para ver quién se llevaba el turrón, los cavas y los mazapanes que sorteaban varios clones de Papá Noel, que iban sacando uno a uno los cien números correspondientes a las cien cestas que el complejo comercial regalaba. Esta tarde, de nuevo a las 19.00 horas, los hombres vestidos de rojo volverán a repartir suerte entre los clientes de Área Central que realizasen comprar superiores a cinco euros. Y hoy, el premio será más especial si cabe, ya que se sorteará la cesta gigante, formada por regalos cedidos por los comercios de la superficie comercial.

¿Quién no recuerda las aventuras de Mogwli, el niño que se perdió en la selva y fue criado por los animales que la habitaban? Los más pequeños de Santiago tuvieron ayer la oportunidad de acercarse a la historia del humano que se guiaba por las leyes de la selva. Al Auditorio de Galicia acudieron todos los personajes. Además del propio Mogwli, estaban el oso Baloo, la pantera Bagheera y el malvado Shere Khan, dispuesto a terminar con el cachorro humano. El espectáculo, dirigido por María Pareja, contó con una cuidada escenografía, donde se recreó el espacio natural en el que creció el pequeño Mogwli y en el que se entremezclaron números musicales con varios números aéreos que hicieron las delicias de pequeños y mayores durante los 80 minutos en los que más de 30 personajes de la famosa historia que versionó la factoría de sueños Disney a partir de la recopilación de cuentos que escribió el británico Rudyard Kipling bajo el título El libro de las tierras vírgenes allá por el año 1894.

La mejor música en formato cedé y el tradicional disco de vinilo reunieron ayer a numerosos compostelanos en el Hotel Hesperia Xelmírez y que previo abono de un euro acudieron a esta feria que se celebra dos veces al año. Uno de sus organizadores, Manuel Otero, reconoció que en Santiago tiene clientela de hace diez años, lo que casi convierte esta feria en casi una reunión de amigos que acuden sobre todo a rebuscar entre los discos de segunda mano para encontrar alguna edición especial de los años sesenta y setenta. A media tarde de ayer Otero confirmó que las ventas mantenían el ritmo de años anteriores, aunque también destacó que cada vez vende menos cedés y los mismos vinilos.