El Concello cierra un exitoso «after» que acababa de abrir en el Ensanche

M. Cheda

SANTIAGO

Urbanismo advierte que reaccionará con nuevas clausuras rápidas ante otros posibles empleos fraudulentos de licencia

14 oct 2008 . Actualizado a las 10:39 h.

Menos que Rodríguez Menéndez fuera de la cárcel. Ni siquiera un mes. Eso mismo duró abierto un enorme y exitoso establecimiento hostelero que, ubicado en el número 3 de la rúa Ramón Piñeiro, había comenzado a funcionar como after-hours hacia finales del verano. En respuesta a las denuncias del vecindario y esgrimiendo como base argumental contundentes atestados policiales, el Ayuntamiento lo ha clausurado en tiempo récord. «En casos de este tipo, tan obvios y demostrables, actuamos con celeridad, y seguiremos así», advierte la concejala competente en la materia, Mercedes Rosón (PSOE), quien es delegada de Urbanismo.

Emplazado frente a una fachada lateral del Parlamento, junto a los antiguos Cines Compostela, el R&H ocupa un bajo con dos entradas que, según datos obtenidos a través de la Dirección General del Catastro, mide 152 metros cuadrados y fue construido en 1991. De acuerdo con el Concello, desde hace casi una década posee permiso de café-bar en regla, pero sus actuales titulares empezaron a incumplirlo a primeros de septiembre. Querían cambiar de clientela, captar otro público objetivo y vender copas a jóvenes sin ganas de marcharse a casa cuando los dueños de las discotecas, forzados por la normativa en vigor, bajan las verjas a las seis de la madrugada.

Y, así como triunfaron, igual de rápido se acabaron estrellando contra un muro difícil de esquivar, el del Concello, que cortó aquello de raíz. «No estaban respetando la licencia de la que disponen, como demuestran quejas vecinales, partes de la municipal y datos objetivos: habían retirado las mesas y sillas de una zona para habilitar pista de baile, cubrieron las cristaleras exteriores con tela negra que no deja entrar luz natural, tenían porteros, ponían música, a veces había gente fuera bebiendo...», justificó Rosón. La edila socialista también halló guinda para el pastel de anomalías: un informe de la policía que certifica la concurrencia de más de 150 personas dentro de un establecimiento que, como máximo, estaba autorizado para albergar a 129.

La socialista rubricó el decreto de cierre el 23 de septiembre, si bien sus destinatarios no lo recibieron hasta unos días más tarde. Raxoi, no obstante, ha optado por concederles una segunda oportunidad. Esta semana enviará por el lugar a un técnico de la Administración para constatar si el negocio ha sido readaptado o no para su explotación de acuerdo con el permiso original. Siendo así, sus dueños podrán levantar las persianas metálicas y reemprender la actividad de cafetería. «Parece que han entrado en razón y harán cambios para ejercer como lo que pueden ser, nada de after ni pub», adelantó la concejala.

Al objeto de conocer y difundir qué versión de los hechos defiende la otra parte en este conflicto, La Voz intentó contactar ayer con ella, si bien no lo consiguió. Como responsable del bajo de Ramón Piñeiro figura en documentación oficial una sociedad limitada fundada el 12 de enero del 2006 con un capital de 5.000 euros, La Bottega Santiaguesa, cuyo administrador único, de iniciales R.?L.?R., resultó imposible de localizar.