El disputado voto de El Chuletón

X. M. Cambeiro

SANTIAGO

Los candidatos conservadores han destado una campaña febril para un congreso que deparará la continuidad o un cambio en la política del PP en Santiago

06 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El tirón de orejas de Núñez Feijoo a la militancia conservadora de Santiago para que no exacerbe sus pasiones y frene los ímpetus verbales en la andadura precongresual de la ciudad, ha moderado la beligerancia de puertas afuera. Pero no ha detenido la lucha febril de las distintas candidaturas por hacerse con los mejores trozos de la tarta censal. El PP provincial ha cargado las tintas en el grado de respaldo necesario para ser candidato. En los pasados comicios internos bastaron cien avales para aupar a un aspirante, pero la crisis que ha encarecido los productos básicos ha contagiado a los populares y ha disparado el precio de la candidatura presidencial a los 400 avales.

Los datos facilitados por los oficialistas de que superan los 700 avales, los revelados por los pilladistas de que han rebasado el mínimo exigido y el anuncio extraoficial de los cívicos de que van por las tres cifras significa que cerca de 1.500 firmas circulan por la ciudad (o por otros municipios) rubricando las tres listas electorales. En una ciudad en la que el techo de movilización conservadora alcanzó los 700 militantes, los que participaron en la elección de compromisarios para la presidencia del PP gallego, los avales conquistados significan que no hay piedra en la ciudad que los candidatos no hayan removido. O que se han invadido canteras.

Pese todo, la cifra no deja de producirle a uno cierta comezón, y no poco recelo, y le haga aguardar a la comprobación de los avales en las vísperas de la entronización del presidente. Porque puede que alguien haya estado cazando moscas. Y es que la mejor forma de quedar bien es ensayar la rúbrica del aval en un papel y perfeccionarla en la hoja del rival. Como uno sabe que ha habido casos de esta índole en anteriores convocatorias, teme que rebroten a conciencia. Y esos papeles solo los puede reciclar Cogami. El contenido de la papelera de avales duplicados es una incógnita y puede deparar disgustos. Solo así se explica que, pese a superar los 400 avales requeridos, las candidaturas mayoritarias sigan acolchonando su lista de garantes.

No se esta jugando ninguna honrilla, sino el porvenir del PP en Compostela, y a Núñez Feijoo no le haría ninguna gracia cederle el cetro al enemigo en la capital. Y la candidatura a la alcaldía. No es de extrañar que la virulencia y el paroxismo hayan teñido el tráfago conservador en estas últimas fechas. Un ejemplo: el restaurante El Chuletón de Figueiras. Allí han comido en los últimos meses tirios y troyanos, a la ardua disputa del voto del señor Juan. El señor Juan controla a varias decenas de afiliados y venía siendo una pieza codiciada para la feligresía conservadora. Tras oscilar hacia uno u otro lado, la balanza se inclinó hacia el feudo pilladista.

Julio Rosende es otro voto de gran peso en la lid electoral, allá por tierras del Castiñeiriño, y las bandadas merodearon en su entorno. Su futuro parecía claro, ya que todas las referencias apuntaban al pilladismo, dadas su simpatías hacia este sector. Conde Roa se lo llevó finalmente al huerto y, simbólicamente, le colocó a su lado en la lista de candidatos.

El espectáculo se vive diariamente en la calle y las mesas petitorias aparecen de forma espontánea en las rúas más inesperadas. Si el integrante de una candidatura tropieza de repente con un militante en la acera, como por arte de birlibiloque saca una hoja de aval y se la extiende al afiliado, que ve un arma estilográfica apuntándole. El factor sorpresa fulmina. ¿Cómo no va a haber duplicaciones? Observar imágenes de gente firmando sobre el capó de los coches ha sido una escena bastante habitual estos días.

Esta semana quedará despejada la interrogante de si se dejará arrebatar el oficialismo la corona en Santiago. Los hados entrarán con alguien en las urnas.