Echa el cierre la ferretería padronesa Antonio Cajaraville

SANTIAGO

El emblemático comercio abrió en 1961 y ahora alquila el local a un supermercado

29 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La emblemática ferretería Cajaraville de Padrón echa el cierre mañana al público tras casi medio siglo de actividad en la calle Rosalía de Castro de la villa. La falta de relevo generacional en un negocio familiar ha llevado a sus propietarios a aprovechar la oportunidad que le surgió para alquilar el local de casi 1.000 metros cuadrados a un supermercado.

Para la familia se cierra una etapa de 47 años detrás de un mostrador, de cara al público, que inició Antonio Cajaraville Balado el 19 de enero de 1961 cuando decidió abrir su propio negocio tras comenzar a trabajar con 14 años en otro establecimiento del sector de la villa. Sus tres hijos también se dedicaron a la ferretería hasta que, hace cuatro años, quedó por completo en manos de uno de los hermanos, Antonio Cajaraville Fontán, de 60 años.

Si su padre recuerda los «moitos rompedeiros de cabeza» que tuvo cuando abrió la ferretería, el hijo destaca de todos estos años el «trato humano» que caracterizó al negocio, cuyos clientes mayoritarios procedieron -como él dice- del partido judicial de Padrón y, más en concreto, de la zona rural y a los que le atribuye un «nivel moi alto».

Tanto que Antonio cuenta que había compradores, como un tal Alejandro de Vilachán, que acudían todos los domingos a la feria de Padrón y no se marchaba sin pasar por la ferretería aunque solo fuera a saludar e «non a comprar», como les decía. Años atrás, el domingo representaba en torno al 80% de las ventas de este establecimiento.

Además de la ferretería, la familia Cajaraville es de tradición cosechera por lo que también «indicaba» a sus clientes sobre la elaboración del vino, mostos o vinagres, así como sobre el cuidado del viñedo. Y, en parte, el «trato moi especial» que caracterizó a este negocio con los clientes del rural arrancó de ahí. Aún ahora, la clientela «fiel e moi cariñosa» de esta ferretería ha sabido «emocionarse» al conocer hace dos meses el anuncio de cierre definitivo.

En medio siglo de actividad, las anédoctas son innumerables pero Antonio Cajaraville Fontán se acuerda, por ejemplo, de un cliente un poco cojo que, cuando llegaba al local, esperaba a que su hijo le pusiera una banqueta para sentarse, antes de agradecérselo con 200 de las antiguas pesetas. O cuando un matrimonio alemán le contó hace dos años que en su país de origen habían cerrado todas las ferreterías por la competencia de las grandes áreas y, según cuenta Antonio, dijeron que «ahora lo estamos pagando: perdimos trato humano y los precios son más caros». De hecho, el propietario de la ferretería que cierra habla de que, «o comercio, en general, está pasando unha mala época» pese «as moitas horas que está aberto».