De paseo por la nueva biblioteca

Á.?Paniagua

SANTIAGO

El centro Ánxel Casal expidió en su primer día unos 40 carnés y recibió a muchos curiosos que aprovecharon la mañana para conocer las modernas instalaciones

30 mar 2008 . Actualizado a las 03:00 h.

La nueva Alameda de Santiago se llama Biblioteca Pública Ánxel Casal. Recién inaugurada, ayer por la mañana abrió sus puertas al público y se llenó de familias que fueron a pasar la mañana en el centro cultural como quien va de paseo. No caminaron entre árboles sino entre libros, conocieron las nuevas instalaciones y, de paso, muchos ya se sacaron el carné y volvieron a su casa con algún libro o película bajo el brazo.

Las mesas aún estaban vacías, porque mucha gente se acercó más por curiosidad que otra cosa, algo que nunca está mal tratándose de una biblioteca. Y dio sus frutos, porque a la una de la tarde las funcionarias de Ánxel Casal ya habían expedido 38 carnés, aunque el sábado por la mañana no sea un momento muy lector. Piden una foto y el DNI del interesado y le dejan llevar hasta cinco libros durante quince días, dos publicaciones periódicas y tres materiales especiales como películas o discos.

La nueva Alameda de Santiago era ayer un sitio con el alborozo propio de todo estreno. Sus trabajadores vivieron una jornada matutina intensa para que todo funcionara a la perfección el primer día. Nadie se quería perder ni un solo rincón, así que no era el día más apropiado para buscar la concentración en el silencio. La gente subía las escaleras, luego las bajaba, entraba en la planta infantil, en la de investigadores, en la del material audiovisual, pululaba por aquí y por allá, husmeaba los libros... La novedad fue un gran reclamo.

Al igual que la otra Alameda, la de Xoán XXIII ya es parte del patrimonio cultural de la capital. Y tiene vocación de histórica -ya eran quince años esperando a que abriera sus puertas-. En su primer día intentó atraer a los más pequeños, para tenerlos enganchados desde el principio: organizaron cuentacuentos y una función de títeres Cachirulo, dos exposiciones sobre el miedo y otra sobre el cómic, y en el espacio infantil no faltaron niños con globos, puzles y otros juegos en ningún momento de la mañana.

Todos los usuarios de la biblioteca destacaban la impresión que les causaron las instalaciones. Aún hay estantes que parecen un tanto vacíos, pese a que la Consellería de Cultura ha gastado medio millón de euros en libros, y en algún espacio se nota que faltan máquinas u otro equipamiento. Pero la biblioteca ya no está en punto muerto, tiene sus ordenadores y su conexión inalámbrica a Internet abiertos y un montón de periódicos. De hecho, la sala de prensa fue uno de los lugares donde más se detuvieron los visitantes. También se pararon a ver las películas y los discos. Algún incrédulo pudo comprobar que Sabina no solo está en las librerías, sino también en las bibliotecas.

Son 5.800 metros cuadrados de superficie que huelen a nuevo y que se pueden usar de forma gratuita. La nueva Alameda de Santiago promete.