Santa Isabel no se llenó. Sin duda, la coincidencia de horario con el partido del Beirasar Rosalía restó público en los dos recintos. Pero el derbi tuvo toda la efervescencia propia de los partidos de máxima rivalidad, con un reñido duelo sobre la pista y un bonito mano a mano entre las dos aficiones que empujaron todo lo que pudieron desde la grada.
Los dos equipos encararon la contienda desde el respeto mutuo, muy preocupados de no cometer errores y de no desguarnecer nunca la retaguardia. En la primera parte, apenas hubo margen para las transiciones rápidas hacia uno u otro lado.
El Lobelle trataba de combinar y buscar a Betão. Por dos veces le hizo llegar el balón dentro del área, pero en posición muy forzada. No obstante, en una de ellas remató a bocajarro, casi cayéndose, y Toni, bien situado, repelió.
El Azkar tocaba el balón con paciencia en busca de alguna grieta. Sin embargo, encontró su mejor oportunidad en un robo de balón de Marcelo que puso a prueba a Mendiola. Paulinho, que acompañaba por el centro, cogió el rechace y cabeceó al palo. Corría el minuto seis y hasta ese momento daba más sensación de peligro el conjunto visitante, que ayer vistió de blanco.
Poco a poco el Lobelle se fue haciendo con el control del juego. Ninguno de los contendientes asumía riesgos y aunque era los locales los que ahora apretaban un poco más, no había acciones de verdadero peligro.
De hecho, el marcador se abrió en un saque de banda de Carlinhos. Pola le ganó la partida a Marcelo y cabeceó, muy oportuno, casi sobre la línea.
Doble penalti protestado
El Lobelle había cuidado todos los detalles excepto uno, el de las faltas. A falta de 7:45 para el descanso ya había agotado el cupo de cinco y cuando restaban nueve segundos para el intermedio, los árbitros pitaron la sexta en una jugada muy protestada por los locales. Marcelo chutó desde los diez metros y anotó, a pesar de que Mendiola estuvo cerca de detener el lanzamiento.
De vuelta de los vestuarios el ritmo del encuentro cambió sustancialmente porque los dos equipos le pusieron otra velocidad a las combinaciones y, sobre todo, fueron mucho más verticales. Hubo fases de continuas idas y venidas por uno y otro lado, para delirio de la afición.
Por número de ocasiones y por la posesión de balón quizás mereció algo más el Lobelle. Incluso hubo un tiro al palo de Vinicius. Pero enfrente tuvo a un equipo siempre ordenado que no le dejó maniobrar. No se descompuso ni siquiera con la expulsión de Mimi, que vio la segunda amarilla en el minuto 26.
En los siguientes 120 segundos, en superioridad numérica, al Lobelle le pudieron la ansiedad y la precipitación. Sorprendió en ese tramo la ausencia de Alemao, el mejor pasador. Venancio apostó por el tiro exterior.
Y justo cuando el Azkar recuperó al cuarto jugador de campo, llegó su segundo gol. Adri, muy listo, salió desde el banquillo y se desmarcó por la banda. Toni sacó de portería, Vinicius no llegó al corte y el canterano lucense cruzó con sobriedad ante la media salida de Mendiola. Sin tiempo para saborear la ventaja, en la primera combinación santiaguesa llegó el empate, como más le gusta a Betão, de espaldas a portería, de tacón.
Desde ahí y hasta el final fue el Lobelle el que buscó el gol con más ahínco. Los visitantes tuvieron sus mejores opciones en un chut lejano de Riquer, desviado por Mendiola, y en una filigrana de Fernandinho que contrarrestó Carlinhos.
En los últimos diez minutos el mejor jugador del Azkar fue Toni, que paró todo lo que le llegó. Y, cuando se vio desbordado, en un buen lanzamiento de Betão, apareció Paulinho para impedir el gol. Al final hubo reparto de puntos entre dos equipos que se vaciaron en un partido jugado a un ritmo muy alto.
Vestuarios
Venancio López elogió el esfuerzo de sus jugadores, sobre todo teniendo en cuenta las bajas de Leitão y Manu, que Vinicius jugó con fiebre y Miguel aquejado de una gastroenteritis. Lamentó la falta de acierto en los últimos minutos y no vio falta de Betão en el doble penalti.
Bruno García también acabó muy satisfecho con su equipo y especialmente con el trabajo defensivo en el tramo final, con un solo cierre tras la expulsión de Mimi.