Integración sin hándicaps

Nacho Mirás SANTIAGO

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

En directo | Golf con propiedades terapéuticas Personas con discapacidad física o intelectual participan en los cursos que imparte en el Aero Club el maestro José Antonio Rey, con la colaboración de La Rosaleda

27 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

?lgo tiene el golf que engancha. Lo saben quienes pisan la hierba del Aero Club compostelano y cortejan cada uno de sus dieciocho hoyos armados de vista, coordinación, autocontrol y, a menudo, altas dosis de paciencia. Todos los factores que intervienen en este deporte, cada vez más popular, son perfectos para que las personas con discapacidad, ya sea física o psíquica, participen de una sociedad que no siempre se lo pone fácil. Lo vieron claro las fundaciones Sergio García y Deporte y Desafío, cuyo proyecto fructificó en Compostela a través del maestro de golf José Antonio Rey y la colaboración de la Fundación La Rosaleda. Rey explica que el suyo es un deporte «que se adapta bien al tipo de limitaciones con las que trabajamos». Ayer, en el campo de Lavacolla, miembros de las asociaciones de esclerosis múltiple y daño cerebral y alumnos con Síndrome de Down de los centros Aspas, ponían en práctica los conocimientos adquiridos a lo largo del curso. «Lo que hacemos -explica el maestro- es facilitarles la información necesaria para conocer el golf, impartir técnica y práctica, las normas de comportamiento en un campo... pero lo que más importa es que, durante estas jornadas, se lo pasan bien, hacen ejercicio y están al aire libre». Las caras hablan por sí solas. Alrededor de los hoyos, los jugadores están a lo que están. Y anotan cada golpe y lanzan gritos de alegría cuando esa combinación de cuerpo y mente que hace falta para llevar la bola a su meta funciona. «¡Bien!», dice Vicente, uno de los participantes con Síndrome de Down. La evolución a lo largo de las dos fases del proyecto ha sido enorme. Los golfistas han ganado movilidad y coordinación, y hay algunos que han cogido los palos con tanta pasión que ya están en condiciones de jugar una partida con cualquiera que se atreva. José Antonio Rey dice que uno de los objetivos es ahora integrar a los jugadores con Síndrome de Down en la escuela infantil del Aero Club, con otros 130 niños que ya le van tomando las medidas al campo. Tomás Díaz Álvarez, afectado de esclerosis múltiple, es uno de los que se han enganchado al golf. «Me pilló el gusanillo y voy a saco», dice mientras retrata a sus compañeros. «¡Jose es un profe alucinante, resalta eso!», añade Tomás. Hecho. En su caso, la enfermedad hace que no tenga fuerza suficiente para más de cuatro o cinco hoyos, «pero me encanta, despejas la cabeza, hablas mucho». Lo mismo que la natación, el golf contribuye a mejorar la masa muscular, otro beneficio. A Tomás, que tiene 42 años, le diagnosticaron la enfermedad a principios de los 90 y, desde entonces, intenta llevar una vida lo más normal posible, y participando en este tipo de actividades lo consigue. Muy cerca, Francisco José Losada, que tiene Síndrome de Down, va sobrao: «Soy bueno, casi profesional». Y, al igual que él, sus compañeros Vicente y Carla sonríen y le toman la medida al green antes de golpear la bola. La mañana se pasa rápida, quizás demasiado.