«Hambre no llegamos a pasar, pero...»

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO

SANTIAGO

Testimonio | Carmila Gómez

08 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?armila Gómez llegó de Paraguay hace casi dos años y ha ido trabajando, sobre todo, en el servicio doméstico. Hasta hace unos meses lo hacía de 8.30 a 15.30, de lunes a viernes, por 450 euros al mes. «Mandaba 300 euros a Paraguay y me quedaba con el resto, para sobrevivir», comenta Carmila. Esta joven, que además ha conseguido traer a su hija, sufrió una depresión, que la obligó a dejar el trabajo. En Cáritas «me consiguen trabajos de dos o tres horas» y, con la ayuda de sus amigas, «hambre no llegamos a pasar, pero tienes mucho tiempo para pensar». Pese a su situación, «no he pensado en volver, allí las cosas son peores; cuando consiga un poco de dinero para montar algo allá, quizás». Pero el caso de esta joven no es el único. Juan es un hombre de raza gitana que cobra 400 euros del Risga. Tiene tres hijos y vive en un piso cuyo alquiler pagan los Servicios Sociales. «A la pensión le sumo lo que gano montando y desmontando escenarios para las fiestas en verano y stands en invierno; no da para mucho, porque cobras en negro cuando trabajas», comentó Juan. «A mi mujer le dan bolsas de alimentos en la parroquia y vas tirando». Este hombre reconoce que legalmente sólo cuenta lo que ganas por el Risga, pero «la asistente social sabe que hay que arrimarle algo y hacen la vista gorda, pero, por si acaso, no pongas mi nombre completo», advirtió. Los cupones del Dia Luisa es otra maga de las finanzas. Tiene dos hijos, de 11 y 15 años, que estudian en un colegio concertado. El único ingreso es el sueldo de su marido: 1.100 euros. «Los cupones del Dia los aprovecho todos, el aceite de oliva es sólo para las fiestas, los guisos cunden mucho y no te digo las lentejas y la ropa vieja; la fruta, sólo para los niños; las vacaciones, un día en la playa con la tortilla».