Transformar la capital gallega en una nueva meca del celuloide

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago SANTIAGO

SANTIAGO

XVI. SANTIAGO, PLATÓ DE CINE Compostela dispone de buenos escenarios naturales que han atraído a directores de fama; aprovechar esos recursos y potenciarlos puede ser una nueva fuente de riqueza

13 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Santiago llegó tarde al fenómeno del cine: hasta el año 1900 no se realizó en la ciudad ninguna exhibición. Habían pasado seis años desde que los Lumiere patentasen el cinematógrafo, y cinco desde la primera gran sesión de cine en París. Los hermanos franceses extendieron la nueva religión del cine enviando apóstoles armados de cinematógrafos por Europa adelante. A Galicia, como pasa con casi todo a lo largo de la Historia, llegaron un poco más tarde que a otros lugares. La relación de la ciudad con el cine es tardía, pero eso no es justificación para que a estas alturas no pueda ser más fructífera. Alrededor del celuloide han prosperado algunas de las empresas más famosas del siglo pasado. También han surgido barrios y ciudades, como Hollywood o los enormes estudios romanos de Cinecitta. No se trata de llegar a tanto, pero Santiago ofrece condiciones naturales perfectas como para convertirla en un centro cinematográfico. Es una capital mucho más barata que otras ciudades españolas, dispone de una amplia infraestructura hotelera, un aeropuerto de primer orden y unas comunicaciones por tierra que permiten acceder rápidamente a escenarios de playa o montaña. Sin embargo, la principal baza de la ciudad son sus fantásticos escenarios naturales. Por una parte está el casco histórico, ¿por qué no filmar en él El código da Vinci?, por ejemplo. Por otra, está la enorme infraestructura de la USC, los organismos administrativos de la Xunta y los edificios ultramodernos de Mestre Mateo, fondos ideales para casi cualquiera de las tramas de una película. Esas virtudes se demuestran en que, a lo largo de su historia, Santiago ha sido escenario de más de veinticinco largometrajes interpretados por actores como Sofía Loren, Gary Grant o Ornella Mutti. Desde la primera época del cine sonoro, directores como Alejandro Pérez Lugín y Manuel Noriega escogieron la ciudad como escenario. Años más tarde, Mario Camus, Vicente Aranda, Pedro Olea, Rafael Gil, Óscar Ladoire o Juan Antonio Bardem se trajeron también la cámara para rodar. Los beneficios de que se rueden películas en la ciudad son indudables. Los equipos y las productoras gastan en alojamiento, traslados, extras y tasas. Así, el Concello cobra 333,48 euros por día de rodaje en la calle. Por otra parte están los beneficios en publicidad: el Guggenheim de Bilbao es inolvidable desde que James Bond casi se la pega sobre su techo en El mundo no es suficiente. Lo que es necesario es relanzar las ventajas naturales de la ciudad, y relanzarlas con una infraestructura barata que atraiga a las productoras. ¿Por qué no convertir el polígono de Costa Vella en una pequeña meca del cine? Con equipos modernos, la inversión necesaria es mucho menor que hace treinta años. Los escenarios ya están, y la tecnología digital ha abaratado los costes. Falta una iniciativa.