Amaral

NACHO MIRÁS FOLE

SANTIAGO

CON LUPA | O |

09 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

SÓLO UNOS músicos de raza, y no esos productos de serie que fabrican ahora las discográficas, son capaces de superar con nota la prueba del algodón: cantar a palo seco, sin percusión y con los instrumentos justos, delante de un auditorio pequeño, cercano, donde es imposible camuflar el play-back y las canciones enlatadas detrás de un telón de humo y luces de colores. Eva Amaral y Juan Aguirre sacaron el jueves en el Teatro Principal todo lo bueno que llevan dentro. Había en la sala quien decía: «Esta chica cada vez canta mejor». Y es verdad. Otros nos fijábamos más en las manos de Aguirre, que en esa pose tranquila, sin excesos coreográficos y sin parafernalia bailona, recuerda un poco a Eric Mano lenta Clapton, sólo que con gorro de rayas. Y es que para transmitir algo con un instrumento no hace falta transformarse en la niña de El Exorcista , un mal muy común en los músicos que salen de las cadena de montaje. Eva y Juan no son un producto industrial, son buena artesanía hecha a mano. Además de un directo espectacular, mejor incluso que sus grabaciones de estudio -con la salvedad de que se echan de menos los impresionantes arreglos orquestales de, por ejemplo, Días de verano- hay otra cosa digna de aplaudir: que hablan lo justo con el público, algo que se agradece especialmente en un panorama de artistas que, a la que se suben a un escenario, se convierten en insufribles monologuistas de El Club de la Comedia. Eva y Juan, Juan y Eva, Amaral, han abierto una puerta que deberían procurar no cerrar quienes programan la vida cultural de la ciudad; Compostela está llena de pequeños escenarios deseosos de acoger conciertos familiares de grandes artistas. Apuesto por que Santiago se convierta en la capital gallega -o estatal- de los acústicos y los desenchufado. ¿Quizás en un festival anual? Es una idea.