Plantarle cara a la soledad

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO

SANTIAGO

SANDRA ALONSO

Reportaje | La Asociación Avoas ofrece una salida al aislamiento Pese a vivir solas, Florinda Barral Chacón, Andrea Rodríguez, Olga Campos y Carmen Niñeira presumen de su vitalidad y su sentido del humor para afrontar la vejez

31 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

?l local de las Avoas de Pontepedriña es el refugio para muchas de las mujeres que viven solas en el barrio. Cada tarde se reúnen para echar una partida de cartas e intercambiar comentarios. En uno de los carteles, que decoran el local, les sugieren como fórmula para afrontar la vejez no encerrarse en casa y plantarle cara a la soledad. El lema es seguido como un dogma por todas. Florinda Barral Chacón, la veterana del grupo, se siente orgullosa cuando sus amigas la piropea y la ponen como ejemplo de «salud de hierro a los 96 años». Hasta hace poco tiempo, Florinda era totalmente independiente y no precisaba de mucha ayuda para las tareas diarias. En esta última temporada «mi sobrino viene y me trae la comida, pero me quedo sola, que remedio, ¡se fueron muriendo todos!». No le tiene miedo a la soledad y casi resignadamente lamenta tener que tomar «un montón de pastillas, por eso viene mi sobrino, porque no me aclaro ya que son muchas y él me las deja preparadas». Andrea Rodríguez tiene ocho hijos, pero «ellos tienen su casa y yo la mía». «Hago todo, la comida, lavo la ropa y la plancho; todo; hasta voy a la plaza y vuelvo». Andrea no se ha planteado buscar a una persona para hacerle compañía «ni hablar, vienen mis hijos y ya está». Asegura no tener miedo a vivir sola y, aunque algunos días pueda sentir tristeza, basta con «venir aquí y ya no lo estás». El secreto de su vitalidad es el «caldo» y «la gimnasia, aquí hacemos un poco cada día; hay que hacer de todo, aunque sea poco». Olga Campos vive sola desde hace dos años, cuando falleció su marido. Tiene seis hijos y quince nietos, «los sábados voy a comer a casa de una hija, y los domingos a la de un hijo; entre semana me arreglo». «Hay días buenos y días malos, pero este local nos da la vida; es un gran alivio para todas nosotras; aunque no te apetezca salir de casa, unas tiramos por otras». Lo peor de vivir sola es la «noche, la mañana se pasa y las tardes arreglamos con el local, lo peor son las noches». Hace una semana sufrió un duro golpe, «murió mi perro, lo tenía desde hace 17 años y fue una gran compañía, pero no quiero otro, ata mucho y me impide salir de excursión». Olga tiene 69 años y «ahora estoy pensando en buscar a una persona para que me ayude, porque desde hace unos días me mareo». Carmen Niñeira tiene 87 años y comparte su piso con una hija, que «se queda algunos días». «Yo lo hago todo, la comida, la casa, mi hija sólo hace su cama, pero no tengo ningún problema por estar sola». Montse Pérez, presidenta de la Asociación Avoas de Pontepedriña, lamenta que a la reunión no pudiera venir otra vecina que vive sola en un cuarto sin ascensor. «Estaba un poco mala y ya no puede venir todos los días, porque bajar y subir las escaleras es un problema». Una de las socias de la asociación reclama que se les ayude a colocar ascensores en los edificios; «aquí hay mucha gente mayor y hay 73 escalones hasta el cuarto piso. Vivimos de pensiones y no tenemos dinero para ponerlos, pero podían echar una mano». Otra mujer cree que los edificios no tienen «hueco, pero podrían ponerse por fuera».