PINCELADA | O |

03 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

SE HAN fijado en quienes llenan estos días las secciones de juguetes de los grandes almacenes y en quienes recorren la ciudad a la caza y captura de la muñeca de moda o del juego de la Play. De quienes, aunque les aseguran en una y en otra tienda que el juguete solicitado está agotado, no pierden la paciencia y siguen sin descanso buscando por si acaso se han producido devoluciones. Pues si se fijan, se habrán dado cuenta de que son mayoritariamente mujeres. Son ellas las que se ocupan de cumplir con los deseos y sueños de las cartas a los Reyes Magos de los más pequeños de la casa, lo que no deja de ser una injusticia. Los reyes en realidad deberían ser reinas y, sólo así, se podría compensar tantas carreras, agobios y malos ratos. Ya sé que todos creen que lo importante es ver las caras de los niños en la mañana del día 6, pero compartirán conmigo en que la satisfacción sería mayor si, al menos, los méritos esta vez es para el que hace el trabajo. En mi casa los reyes no existen y desde siempre si alguien hizo realidad los sueños, fueron las reinas.